¡Ya viene la vacuna! | La Prensa Panamá


¿Cuándo en la vida pensé tener sentimientos encontrados por una frase relativamente inocua? La realidad es que esa bendita vacuna representa todo lo que se ha revelado de la condición humana desde el inicio de la pandemia covid-19. Un año y seguimos contando. A cada paso nos hemos topado con cosas buenas, malas, coherentes y contradictorias.

Debo admitir, al principio el covid-19 despertó poco más que un pensamiento pasajero. Ya había escuchado de otros virus, salidos de China ni más ni menos, que generaron alarma. Esos virus previos fueron clasificados como peligrosos. Por alguna razón, a pesar de ser tan dispersables en el aire y altamente contagiosos, no llegaron a esparcirse en el mundo como el corona que enfrentamos. Este dato es parte de una de las condiciones más nefastas que tomó cuerpo durante la pandemia, las conspiraciones. El hecho es que el virus está entre nosotros y es mortal. En otros casos es inofensivo al 100%. En efecto esto se presta para especular sobre las posibles razones que hemos enfrentado una realidad verdaderamente distopiana. Se suma a la discordia que unos creen en ponerse vacunas y otros son adversos a las mismas.

Lo más probable es que todos terminen poniéndosela. Veremos a un sin número de vecinos, amigos y familia ponérsela y seguir con sus vidas como si todo el evento fuera como una opción entre comer un huevito de leche o saborear una cocada. Pelear contra la corriente será más difícil frente a ese escenario.

Pero esta vacuna también me hace pensar en los líderes del país, otro punto bajo. ¿Quién vive con la ilusión de que los políticos de los países son todos sacados del mismo molde de Pepe Mujica o Nelson Mandela? En todo gobierno se maneja un grado de corrupción. (Algo inaceptable.) Aún así, es criminal aprovecharse de los fondos asignados para enfrentar una crisis de salud. ¿Cómo pueden desasociarse de las consecuencias de sus acciones versus las muertes que se pueden prevenir si su enfoque fuera ayudar y hacer las cosas bien? En las redes dicen que Vietnam logró niveles bajos de contagio y salvó la vida de todos los expuestos.

Otra de las cosas que nos dejó un sinsabor fue el año escolar digital. Enfrentar la educación de tres hijos en casa versus uno es algo muy diferente. Algunos migraron a sus condos playeros y continuaron con la educación de sus hijos mientras otros tenían que ver cómo resolvían el tema de tecnología. El caso de los graduandos fue único. Compartir ese sentido de alcanzar la cima juntos y saborear ese último año es una experiencia de una sola vez en la vida. Perderse todo esa experiencia sin poder recibir su diploma rodeado de seres queridos merece una mención especial.

De todo lo acontecido este año, que espero todos recuerden al inyectarse la va cuna, fue la pausa de la actividad humana que se dio al principio de la pandemia. Es lo mejor que pudo salir de esta crisis. Poder ver los cielos despejarse fue cien por ciento inspirador. Ver a los animales correr libremente por las ciudades abandonadas también fue espectacular. Digno de ser representado al mejor estilo de Hollywood. La paz y tranquilidad que se respiró en la tierra en ese periodo logró que muchos reflexionaran. Dejar el fresnesí del consumismo fue como una meditación profunda que iluminó a muchos para velar más por nuestra casa, la madre tierra.

Si, ya viene la vacuna. Pero que el pullar de esa jeringa, que aún tiene mucho camino por recorrer para llegar a nuestro pequeño país, sirva para traer al presente esa promesa que muchos hicieron de hacer más por cuidar el medio ambiente. Hagamos lo posible por regresar a alguna normalidad, pero que sea con una mejor visión y consciencia de como vivir en armonía.

El autor es ciudadano



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