Vacunas al volante en Texas, una opción para la población en riesgo


“Tengo 89 años y medio y no quiero morir joven”, lanza Mary Donegam echándose a reír, justo antes de recibir la vacuna contra la Covid-19 de Pfizer-BioNTech.

Al sudeste de Houston, muy cerca del centro espacial de la NASA, el parque Walter Hall de League City se ha transformado en un “vacunódromo”. Y Mary Donegam no precisa ni siquiera salir del auto que conduce su hija: solo tiene que esperar en una de las cinco filas y bajar la ventanilla.

“Consideramos que el servicio al volante es muy práctico para las personas mayores”, explica el doctor Philip Keiser, responsable del grupo de trabajo sobre las vacunas de la Universidad de Texas Medical Branch (UTMB), ya que “algunas tienen problemas de movilidad y no pueden andar”.

VACUNACIÓN

En Estados Unidos -el país que cuenta más muertos por la pandemia en términos absolutos, con más de 450,000 fallecidos- se ha lanzado a una auténtica carrera para la vacunación en masa.

El estado de Texas ha designado a la UTMB, así como a otras 81 grandes estructuras médicas con medios para vacunar a gran escala, como un “hub”, un centro de concentración de recursos.

Los hospitales o servicios de salud pública seleccionados deben concentrase en las poblaciones o territorios en riesgo. A cambio, se les asegura una estabilidad en la entrega.

La semana del 1 de febrero, el estado de Texas les entregó una gran parte de las 520,425 dosis que les fueron asignadas.

“Supimos que teníamos el estatus de ‘hub’ un sábado. Y el sábado siguiente, ya habíamos usado 800 dosis”, se felicita Philip Keiser después de tres semanas de campaña a ese ritmo.

Al otro lado de Houston, en el norte, la división de Woodlands del hospital de St. Luke’s Health se convirtió en un “hub” la semana del 25 de enero, inyectando 2.000 dosis de vacunas Pfizer y dos veces más la semana siguiente.

El jueves, ya se habían inscrito 1.200 personas para inmunizarse sin salir de su auto.

“Unos cinco autos cada cinco minutos pueden pasar”, se felicita Eric Ransom, director de las operaciones.

EMOCIÓN

Una lista de espera de personas a contactar en el último minuto está también prevista para evitar cualquier pérdida de vacunas. “Una vez sacadas del refrigerador, las dosis se mantienen bien durante seis horas”, explica Ransom.

El condado de Montgomery puso personal a disposición para administrar las vacunas, los equipos del hospital se encargan de registrar a los pacientes, mientras que estudiantes de enfermería y los voluntarios se ocupan del trabajo administrativo que sigue.

Con un sombrero de paja protegiéndole la cabeza y una blusa de flores, Eve Taylor, de 72 años, parece al borde de las lágrimas antes de recibir su inyección.

“Estoy emocionada por todo el sufrimiento que esta pandemia ha causado a tantas personas. Y mucha gente va a sufrir todavía antes de que se acabe. Tengo la esperanza de que nos veamos aliviados pronto”.

El Departamento de Salud de Texas estima que la vacunación se extenderá al gran público en primavera. Por ahora, está reservada a los ciudadanos de más de 65 años, al personal médico, a los residentes de centros de atención a largo plazo o a las personas con “problemas médicos crónicos que aumentan su riesgo de una infección grave de covid-19”.

Aunque una declaración sobre el honor es suficiente para inscribirse. No se solicita, además, ninguna prueba de su estatus legal en el territorio.

Ernesto Olvera, de 39 años, pudo beneficiarse de este sistema basado en el civismo. No forma parte del público objetivo, pero aún así tendrá su inyección.

“Escuché decir que, como se trataba de una cuestión de seguridad nacional, todo el mundo debía vacunarse. ¡Y estoy de acuerdo!”, explicó el joven.



MÁS INFORMACIÓN

SiteLock
Facebook