Tanto nadar y morir en la orilla


Los humanos somos esclavos de nuestra propia naturaleza. Proclives a tropezar varias veces con los mismos obstáculos, arropados en la inexcusable conciencia y pocas veces en la excusable inconsciencia. Las incógnitas y rejuegos de la vida giran en un repetitivo accionar, casi en espiral.

“Tanto nadar y morir a la orilla” o “En la puerta del horno se quema el pan” o “Quizás pecamos por falta de experiencia o por exceso de confianza”. Todos refranes oídos, sabidos, pero pocas veces obedecidos.

¡El exceso de confianza es un pésimo consejero! Y prueba de esto son los últimos 365 días, que han sido, al menos para los seres no celestiales, además de desastrosos, edificantes. En un camino llamado vida, todos estamos en una gran prueba. Tomando en cuenta lo sorpresivo, incógnito, cruel y por lo demás descontrolable, nosotros los humanos imperfectos estamos sometidos periódicamente a pruebas cada segundo de la vida.

La sindemia nos ha arropado a todos, de manera diametralmente opuesta.

He aquí los siete pecados capitales cometidos durante este período:

1. Médicos y personal sanitario: entrega y egoísmo; celos y protagonismo profesional y lo peor, dueños de una verdad que no se conoce.

2. Políticos y gobernantes: perdidos en la conveniencia y atléticos campeones del oportunismo.

3. Farmacéuticas (la industria y sus promotores): científicos vitales sobre la plata, forma del caníbal e implacable comercio.

4. Difusión formal o informal: dirigida o desperdigada en las redes. Rica o pobre, aunque democrática no deja de ser nefasta en ocasiones.

5. Entendimiento heterogéneo: idiosincrasia, educación y conducta errática dependiente de factores culturales encriptados en un ADN y su consecuente actuación masiva.

6. Codicia: manipuladora destructora de la genuina ambición y superación del que más trabaja y se preocupa por el bien común.

Por último el mayor de los pecados:

7. Ignorancia, negligencia y alegórico triunfalismo predecesores agoreros de la irresponsabilidad criminal.

Las vacunas llegaron al mundo. Panamá está próxima a recibirlas. Los mecanismos de acción, de conservación y de inoculación efectiva tienen distintos procedimientos de acción. Las autoridades de salud de nuestro país, pienso, han tenido en cuenta estos factores: seguridad, efectividad, eficiencia, conservación, asequibilidad, voluntariedad y finalmente la inoculación real.

Lamentable y fatalmente, la conducta humana muchas veces, a nombre de la democracia, descuida y, lo que es peor, promueve la desobediencia de las consabidas medidas de seguridad (higiene y difusión respiratoria con el uso de mascarillas, higiene general, no solo de manos y el distanciamiento físico).

La burbuja humana no tiene nada que ver con la consanguinidad, sino con la contigüidad y vivencia cotidiana, nada más.

En la guerra avisada no muere soldado. El inclumplimiento de estas trilladas medidas pueden costar la vida del individuo, extensiva criminalmente a cómplices y, lo que es peor, a inocentes. Más vale estar encerrados que enterrados.

Ahora que las vacunas están próximas (#vacunaya), panameños, “ juguemos vivo” que en la puerta del horno se puede quemar el pan o, lo que es peor, sería inaceptable y doloroso, que después de tanto nadar, morir en la orilla.

El autor es médico



MÁS INFORMACIÓN

SiteLock
Facebook