Russo, el DT que cambió a Boca


Miguel Ángel Russo no sólo llegó en este 2020 para reivindicar a los técnicos de su generación, también vino a cambiar a Boca. A devolverle lo que había perdido en el juego, pero también, a recuperar lo que le habían quitado de cuerpo, alma y espíritu. La Superliga, ese mano a mano contra River, el peor enemigo, fue la primera señal de que había un nuevo aura, otra mística, otro equipo. Pero el año mantuvo su curso a pesar de todos los imponderables posibles. Y al fin de cuentas, el balance contable hasta el 31/12 se muestra inmejorable: lo arrancó levantando una Copa y lo terminará entre los cuatro mejores de América.

Miguel, tocado como su equipo después de perder en el Cilindro, por las dudas sacó a relucir esos pergaminos en la conferencia post victoria ante Racing. “Este es un año en el que Boca salió campeón, está clasificado por tercera vez consecutiva a una semifinal y está puntero en el torneo que se está jugando. Feliz Navidad para todos los hinchas. Y cuídense mucho”, dijo el DT de 64 años, también marcando la cancha en la lucha por el título local, otra vez cabeza cabeza con River.

Entrenamiento BocaEntrenamiento Boca Russo

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Con Russo, Boca volvió a ser Boca. Y Tevez volvió a ser Tevez. Carlitos fue parte de su buen manejo de situación. Hay mucho del capitán, de su espíritu competitivo, de su talento innegable, de su hambre inquebrantable, pero también hay mucho del DT, que supo acompañarlo con el equipo en general y con un ladero en particular (Soldano) y que lo trató como había que tratarlo: sin reverenciar su estatura de estrella, pero dándole el lugar que realmente le correspondía. En cancha, con la cinta, con la 10 y con continuidad, la que necesita un jugador top de 36 años.

A partir de él encontró rápidamente un equipo que jugó, que atacó y que no se achicó. Supo manejar los problemas de egos (caso Zárate o Wanchope) y supo domar las curvas que le presentó el camino. En este tiempo, fiel a su estilo, habló más de lo que dijo. Pero ese discurso corto, medido, protegido, le sirvió a un Boca que venía de un entrenador como Alfaro necesitado de explicarlo todo con lujo de detalles. En efecto, también acá, Miguel le trajo tranquilidad a la vida de Boca.

La pandemia le jugó una mala pasada justo cuando la Copa empezaba y el equipo venía con el envión de la Superliga. Desde su función, debió también navegar bajo aguas desconocidas, sistemas de entrenamientos desconocidos, situaciones desconocidas. Pero cuando Boca volvió a jugar en la Libertadores, tras un contagio masivo de Covid, no sufrió esa desventaja: se puso de pie enseguida, clasificó rápido y primero en su grupo de Libertadores. No sufrió.

En el medio del camino, reacomodó piezas. Ahí supo llevar con oficio la delicada situación de Villa, aún en proceso judicial por la denuncia de violencia de género de su ex pareja. Le costó suplir la baja de Pol Fernández, quien era una pieza clave para él, ausente por una decisión institucional que el DT apoyó. Pero encontró en Cardona y en Capaldo la forma de remodelar a su Boca. Le rindió un ratito, hasta que las derrotas contra Inter y Racing lo obligaron a reformular otra vez su esquema. Pero nunca perdió la calma. 

Ante ese escenario, hizo un buen diagnóstico. A pesar de que Cardona le dio el triunfo contra Independiente por la Copa Diego Maradona, entendió que en el choque contra Racing por la Libertadores necesitaba de otros jugadores. Igual, lo primero que hizo fue ratificar a Salvio, opacado por un problema familiar. Y también a Villa, peloteado por las críticas. Pero luego, volvió a la fórmula del equipo campeón. Se la jugó con el Pulpo González y otra vez son Soldano. Y así aplastó tácticamente a su rival. Y posicionó otra vez a un Boca envuelto en dudas, en críticas, en desesperanza, ahora fortalecido, entero, animado a ir por todo.

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También en esta ruta 2020, nunca mostró debilidad ante River. Cuando le consultaron si le gustaría cruzárselo en la Copa, no reculó: “Si se da, bienvenida sea”, dijo. Y tampoco dio ventajas: cuando le plantearon que el superclásico por el torneo local podía jugarse el 30/12, antes de terminar este 2020 redondo, clavó la bandera y lo pateó para su fecha original, porque entendía que su equipo necesitaba descansar una semana larga después de todo lo que vivió en este noviembre/diciembre intenso, desde el fallecimiento de Maradona (que también afectó al plantel) para acá.

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Es cierto que, a pesar de este balance favorable, el arranque del 2021 puede poner todo patas para arriba. Un superclásico, las semis de Copa, la chance de otra final de Libertadores contra River, todo puede suceder en 30 días. Sin embargo, ya nadie le podrá sacar este 2020 a Russo, el DT que volvió a Boca para cambiar a Boca…



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