Rápido y hacia arriba: cómo el ascensor lo cambió todo


  • Jonathan Glancey
  • Especial para la BBC

Pie de foto,

Los ascensores de cristal en el exterior del edificio Lloyd’s son algunos de los muchos atractivos de las calles londinenses.

Las historias de terror sobre los elevadores son comunes y corrientes. Durante mucho tiempo han evocado el temor de quedar atrapado en su interior o de caer en sus oscuros y vertiginosos pozos de aire.

Como regalo para los cineastas, la representación más macabra fue la realizada en “El Ascensor”, una película holandesa dirigida por Dick Maas en el año 1983, en la que un ascensor equipado con un bio-computador encuentra distintas maneras de matar a aquellos suficientemente tontos como para subirse a él.

Como antídoto, se puede ver “Con la muerte en los talones” de Alfred Hitchcock. En una escena de esta elegante película de misterio del año 1959, Roger Thornhill (Cary Grant), un ejecutivo de publicidad confundido erróneamente con un espía, sube a un elevador junto a su madre, otros huéspedes del hotel y un par de asesinos.

La tensión se distiende cuando la madre dice, muy amablemente: “Ustedes, señores, no están realmente tratando de matar a mi hijo, ¿verdad?” Y así da el puntapié inicial a una risa cortés que luego se convierte en una incontenible risotada de los ocupantes del ascensor, incluyendo a los frustrados pistoleros, mientras Grant mira seriamente hacia delante.



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