Planean la creación de un robot de hielo que se puede autoreparar en otros planetas


Un robot de hielo capaz de repararse a sí mismo en otros planetas. Aunque lo parezca, no es el argumento de la última película de Christopher Nolan. Tampoco es, de momento, algo real. Pero va camino de serlo. Es el objetivo que se han plantado Devin Carroll y Mark Yim, del Laboratorio GRASP –Universidad de Pensilvania, Filadelfia–.

Una recreación del torrente sanguíneo del organismo.

Lo dieron a conocer en la Conferencia International IEEE/RSJ sobre Robots y Sistemas Inteligentes –IROS, por sus siglas en inglés-, y de ello informan en IEEE Spectrum. Explican en la noticia –y tienen mucha razón– que de nada sirve volcar años de investigación y pingües cantidades de dinero en un robot para mandarlo a otro planeta, si luego –por la razón que sea– se estropea y ya no tiene ninguna utilidad.

Ponen el ejemplo de los Mars rovers: se ha resuelto el problema de la energía gracias a la energía solar, pero si a uno de estos vehículos motorizados que circulan sobre el Planeta Rojo se le rompe una rueda, se le puede dar por perdido. Con energía solar no se hacen ruedas, pero hay otro componente que están en todas partes que sí pueden servir: el hielo.

El IceBot será autoreparable, autoreplicable y autoconfigurable

En la presentación, sus creadores dejaron claro que el proyecto estaba en un estadio muy inicial aún. No se puede, por tanto, afirmar que llegará a buen puerto. Reconocen que el hielo nunca será un material constructivo tan eficiente como el titanio o la fibra de carbono, pero sí se puede encontrar en todas partes y su forma de modificarse es única: con el calor se corta y se esculpe y, también con el calor, se pega a sí mismo.

El robot se llama DK-One y es capaz de preparar varios pedidos a la vez.

El objetivo, señalaron, es crear robots de hielo que sean autoreparables, autoreplicable y autoconfigurables. Suponen que el robot operaría en un entorno en el que habría hielo por todas partes, y en el que la temperatura sería lo suficientemente fría como para que el calor generado por el robot no condujera a la autofusión o al cortocircuito.

IceBot, que es el nombre que recibe el prototipo ya elaborado, es un robot de exploración antártica que pesa 6,3 kilos. Lo hicieron a mano y los investigadores, de momento, sólo han sido capaces de demostrar que puede moverse y no romperse en pedazo. Queda aún mucho camino por delante para ver un IceBot autoreparable.

“Si un robot tiene una grieta, se le pondrá una tirita de hielo”

En IEEE Spectrum muestran las palabras de Devin Carroll. Este afirma que se decidieron por el hielo debido a la flexibilidad que otorga a su diseño y por el creciente interés que hay por los entornos helados y remotos: “Si construimos un robot de hielo, tal vez pueda usarse para ayudar a explorar planetas helados en busca de vida”, explicó.

El objetivo de esta herramienta era medir la temperatura interna del planeta.

Si hasta ahora no se ha hecho nada parecido, sostiene Carroll, es por las dudas acerca de “en qué condiciones el hielo puede fallar”. A eso se unen las dificultades para el transporte: “Tendrá que mantenerse frío durante todo el viaje”.

En cuanto a esa capacidad de autoreparación, su creador vislumbra un sistema con dos tipos de robots: el primero se encargaría de explorar el terreno y recolectar todos los materiales necesarios para para la reparación. Y el segundo sería el manipulador. Si, por ejemplo, “un robot tiene una grieta, el manipulador la arreglaría con una tirita de hielo”. 

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