Notre Dame: un prodigio de la arquitectura lleno de tesoros | Cultura


Un párrafo de aspecto anodino del último tercio de Nuestra Señora de París, la famosa novela que Victor Hugo firmó en 1831, se convirtió ayer en una angustiosa profecía. “Todos los ojos se habían levantado hacia lo alto de la iglesia”, escribió Hugo en su libro, protagonizado por un jorobado sordo, una gitana y un archidiácono en el París del siglo XV. “Lo que veían era extraordinario: en la cima de la galería más elevada, más arriba del rosetón central, había una gran llama que subía entre los dos campanarios con remolinos de chispas, una gran llama desordenada y furiosa a la que el viento arrancaba en algunos momentos la lengua en medio del humo”, rezaba un fragmento que circulaba anoche por las redes sociales mientras los franceses veían desaparecer un edificio que muchos creyeron eterno.

En un país tan propicio a los símbolos como Francia, Notre Dame de París es una iglesia aparte, no comparable al resto de las 90 catedrales que existen en su territorio. No solo por estar situada en la capital, sino también por ser un templo del arte gótico que atesora obras de un valor incalculable. “Antes de convertirse en símbolo nacional, Notre Dame es una proeza arquitectónica”, señala Nathalie Le Luel, catedrática de Historia del Arte en la Universidad Católica de Angers. “Notre Dame marca el inicio del arte gótico en Île de France, la región de París, y tiene particularidades como sus ventanales inmensos, su sistema de arbotantes y sus rosetones”, añade Le Luel, especialista en el periodo medieval.

Nombrado arzobispo de París en 1160, Maurice de Sully decidió dotar a la ciudad de una catedral majestuosa, digna de ese nombre. Su construcción empezó tres años después y tardó casi dos siglos en ser terminada. Este templo, de más de 5.000 metros cuadrados, no tardó en admirar por su pálida fachada, que contrastaba con los diseños simples de sus bóvedas y tracerías, propias de esta etapa temprana del gótico y por su planta cruciforme de cinco naves y doble deambulatorio, dotadas de altos ventanales.

“Es un gran ejemplo de gótico, pero también un monumento del siglo XIX. Fue en ese momento cuando Notre Dame se convirtió en símbolo, cuando la Revolución Francesa impuso la noción de roman national [novela nacional] y Victor Hugo publicó su libro”, señala Le Luel. En 1844 se inició una restauración que duraría dos décadas, conducida por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc, que le colocó la aguja de 93 metros que ayer se vino abajo. También se añadieron entonces las famosas gárgolas que se convirtieron en símbolos distintivos de esta catedral en llamas.

Son muchas las joyas que amenazadas en el incendio que se inició ayer lunes por las llamas, aunque “las obras más valiosas han sido protegidas”, dijo el general Gallet, comandante del cuerpo de bomberos de París, según la agencia France Presse. El rector de la catedral, Patrick Chauvet, aseguró que se ha salvado al menos una de las tres reliquias de Cristo que albergaba el templo: la corona de espinas; las otras dos son un fragmento de la Cruz del Calvario y uno de los clavos que lo fijaron en ella.

Durante la Revolución Francesa esas reliquias fueron trasladadas a la Biblioteca Nacional, pero regresaron a Notre Dame en 1801, cuando el arzobispado de París recuperó su control. “Ese relicario es muy importante para los católicos, pero también para los historiadores, ya que marca el vínculo de la realeza francesa con el cristianismo”, señala Le Luel.

El rector de la catedral añadió que también se ha rescatado la conocida como túnica de San Luis. Pero Notre Dame alberga asimismo otras obras de difícil traslado, como la monumental Piedad que preside el ábside, esculpida por Nicolas Coustou en el siglo XVIII, o las efigies de los reyes Luis XIII y Luis XIV, obra de Coysevox, donde los monarcas aparecen genuflexos y rodeados de ángeles. El órgano de la catedral, obra de Aristide Cavaillé-Coll, cuenta con una caja adornada con autómatas.



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