Mides reconoce fallas y abusos en manejo de la ayuda social en comarcas indígenas


Los programas de protección social del Estado han generado algunos perjuicios en las comunidades indígenas más apartadas del país, revela un informe del Ministerio de Desarrollo Social.

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Al margen de los beneficios que son importantes, el Mides reconoce que los desembolsos que hace el Estado han distorsionado la forma de vida de estas apartadas comunidades.

Admite que hay “manipulación política” en el proceso de elegibilidad de los beneficiarios de los programas por parte de personas que buscan generarse un provecho personal.

Uno de los peores perjuicios detectados es que las familias ya no quieren trabajar y solo esperan el desembolso del Estado.

Esto ocurre también con los mayores de 65 y 75 años, quienes abandonaron por completo las actividades en sus fincas.

El informe resalta además que las mujeres, cuando recibían sus pagos por primera vez, tenían que trabajar más en el corte de “parumas”, para compensar el hecho de que sus cónyugues les quitaban el dinero.

Otra distorsión que fue identificada es que una buena parte de esta ayuda social queda en los bolsillos de los comerciantes asiáticos, los transportistas y vendedores de buhonerías.’

Además, han permitido fortalecer la educación de los menores mediante la compra de útiles escolares.

Y a las mujeres que dependían de parejas que no eran muy responsables en el cumplimiento de sus responsablidades, les ha permitido ser más independientes. Igualmente, se han generado comercios para satisfacer las necesidades de las poblaciones.

Esto, sobre todo, porque los comerciantes y los transportistas han aumentado el precio de sus productos a expensas de los desembolsos del Mides.

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Los programas sociales incentivaron a las mujeres a tener más hijos, porque piensan que de esta forma recibirán más dinero, por lo que la ayuda pasa por muchas familias indígenas sin generar ningún cambio en sus hábitos, ni mejoría de su estatus social.

Y como los programas están enfocados en las mujeres y los niños, los varones cabeza de familia se desvinculan de sus obligaciones económicas familiares.

El Mides reconoce que no se le da seguimiento a las corresponsabilidades que generan estos programas sociales, lo que motiva que en muchas ocasiones el beneficio no se perciba.

Mientras que en los poblados más alejados, en donde no hay plataformas o mecanismos comerciales adecuados, mercaderes foráneos se aprovechan para llevarse el mayor provecho de esta ayuda social.

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Aunado a esto, varios de estos mercaderes han sido sorprendidos vendiéndoles sustancias ilícitas a los indígenas.

No todo es malo

Sin embargo, el informe del Mides resalta que los programas de ayuda social también le han cambiado la vida de forma positiva a muchos indígenas.

Destaca que varios han creado sus pequeños negocios con el dinero que reciben del Estado y mantienen a sus familias.

Otros han montado fincas autosostenibles, con lo cual han salido de la pobreza extrema.

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El programa Ángel Guardián ha permitido que los discapacitados reciban sus medicamentos y facilita su educación.

Las mujeres han creado grupos que han sido ayudados por el Estado para realizar diferentes actividades económicas.



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