Los resurreccionistas: la historia de los ladrones de cuerpos que ayudaron al avance de la medicina


Hace 200 años,  una industria lucrativa vio su esplendor: los resurreccionistas desenterraban cuerpos ilegalmente para vender cadáveres a las escuelas de medicina.

Cuando una persona entierra a sus seres queridos, espera que sus restos orgánicos permanezcan en su lugar de descanso final. Hace 200 años, sin embargo, con el crecimiento del volumen de estudiantes de medicina, una industria muy redituable emergi en el Reino Unido: la de los resurreccionistas.

Una serie de ladrones se organizaron para asaltar cementerios. Se hicieron llamar así «por traer a la vida a los muertos«, y se adentraban a los camposantos para exhumar cadáveres y vendérselos a los médicos en formación. Además de restos humanos, se encontraron los de otros animales, como vacas, perros, conejos, gatos e incluso tortugas. Esto mostró cómo es que la anatomía era un punto de interés fundamental para los científicos de la época.

Una industria de ultratumba

Esta industria tan lucrativa vio su esplendor por la escasez de cuerpos disponibles para estudiar. Los estudiantes preferían comprar su propio cadáver para tener material para aprender. Además, la disección era una práctica ampliamente aceptada entre la comunidad de académicos dedicados a la medicina.

Foto: Getty Images

 

Nunca antes se había reunido información con respecto a estos hallazgos. Por primera vez, una publicación reciente recopiló evidencia arqueológica de lo que sucedió con estos cadáveres robados. El tomo describe todo el proceso posterior al entierro: desde la disección y la autopsia, hasta el entierro y la exhibición.

El robo de cuerpos con fines médicos

En Anatomical Dissection in Enlightenment England and Beyond: autopsy, pathology, and exhibition, el autor explica con detalle minucioso cómo fue que las prácticas de los resurreccionistas ayudaron a promover el progreso de la medicina. La ciencia se benefició directamente de esta industria hasta cierto punto ilícita en muchos países, en tanto que ayudó a los estudiantes y académicos a mejorar su comprensión del cuerpo humano.

El trabajo de investigación no fue sencillo. Sin embargo, el Dr. Piers Mitchell, investigador de la Universidad de Cambridge, se encargó de reunir restos de esqueletos exhumados entre los siglos XVIII y XIX. Junto con su equipo de científicos, descubrieron que los restos fueron enterrados cerca de asilos de trabajo, prisiones y escuelas privadas de anatomía.

En el libro, Mitchell muestra cómo la anatomía era un área clave de investigación científica hace dos siglos:

«Gracias a los descubrimientos de los primeros anatomistas, hemos avanzado hacia nuestro conocimiento moderno de cómo funcionan los órganos y de qué se trata la anatomía normal».

Más aún, Mitchell y su equipo encontraron evidencia que muestra cómo los cuerpos fueron amputados por parte de los mismos académicos. Suponen que están relacionadas con ejercicios de entrenamiento, para capacitar a los médicos en formación.

En un caso, el mismo cadáver había tenido múltiples amputaciones, así como su cráneo y pecho abiertos. De esta forma, podrían practicar para realizar cirugías reales en personas vivas, con un margen de error menor.

 

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