Los falsos “ataques sónicos” y otro pretexto de la Administración Trump para atacar a Cuba


En otro momento de la Mesa Redonda de este martes 16 de febrero, la subdirectora general de la Dirección de EE.UU. del Minrex, Johana Tablada, afirmó que, además de las declaraciones y la disposición de cooperar y hallar la verdad expresada por las autoridades cubanas, la isla documentó su voluntad y la máxima prioridad dada a este tema de muchas otras maneras.

En el inicio de esta trama, aún funcionaban comisiones bilaterales, ocho grupos de trabajo de aplicación de la ley, “y ahí estaba el tema ya ensombreciendo la confianza que se había ido logrando establecer, aun con la dificultad para un país como Cuba, con más de 200 años de relación conflictiva con Estados Unidos”.

En ese contexto, “ese ambiente que había mejorado inmediatamente estaba contaminado por esta versión de EE.UU., que fue evolucionando en la medida en que se iba revelando que no existía nada apegado a la ciencia que pudiera demostrarlo, que no aparecían evidencias. El FBI no pudo hallar evidencias ni argumentos. También sucedió en las audiencias celebradas en el Congreso”.

Destacó que fueron muy pocos los servidores públicos y científicos de Estados Unidos que se prestaron para hablar de “ataques” en Cuba.

Incluso, se conoció de una carta de funcionarios estadounidenses que estaban en Cuba, divulgada por varias publicaciones, en la que pedían al Departamento de Estado que no los retirara de la isla, que aquí se sentían seguros y no se sentían mal.

“Hay un nuevo Gobierno ahora, y habrá que esperar un tiempo para saber si compra esta mentira o si vamos a encontrar una solución y se retome el tema donde debió empezar”, dijo.

“Nunca se ha negado que personas pudieran sentirse mal o se enfermaron. Hoy también se sabe que casi todos volvieron muy pronto a sus empleos. También se ha publicado”.

Al recordar una reunión en Washington, relató que “nos reunimos con el equipo médico del Departamento de Estado y los funcionarios que en ese momento tenían que ver con Cuba, incluido el subsecretario de Estado. En ningún momento se mencionó la palabra ‘ataque’. El artículo que apareció en JAMA fue cuestionado desde la ciencia incluso por el mismo comité editor de la revista.

“Y cuando preguntamos al funcionario que coordinaba la reunión por el Departamento de Estado de dónde había salido la idea de la palabra ‘ataque’, respondió que ‘esa palabra no salió de nosotros. La acuñó el secretario de Estado Tillerson públicamente’, como diciendo ‘no sale de la investigación’”.

Sin embargo, esa palabra fue la primera que se mencionó cuando se estableció la denunció. “Luego se va yendo en fade y no se escucha a casi nadie utilizarla. Debemos decir, honestamente, que no pudieron contar con la complicidad de la ciencia de Estados Unidos, que, de manera general, ha sido muy crítica con esta teoría, tanto en intercambios en privado como en lo que ha ido trascendiendo públicamente. Es bueno que continúe el proceso de esclarecimiento”.

En ese sentido, apuntó que en los informes conocidos, como el de los CDC y el de las Academias de Ciencias de EE.UU., “hay páginas en blanco, acápites secretos, discusiones de las que nunca probablemente nos vamos a enterar”.

En el caso de Canadá, precisó que ese país nunca acusó a Cuba de haber realizado ataques, “pero Canadá sí se suma a medidas que fueron tomadas por el Gobierno de Estados Unidos como la de retirar prematuramente a su personal de La Habana.

“Recibimos en Cuba a una delegación de Global Affairs Canada, y en esa discusión, de nuevo, la presentación médica no sustentó el hecho. Esas personas fueron enviadas a una universidad para su estudio. En el caso de Canadá, hubo mayor cooperación, la Real Policía Montada de Canadá también vino a la isla y el intercambio fluyó mejor que con EE.UU.

“Aun así, reconocemos la voluntad de los funcionarios del FBI de cooperar con Cuba. Pero en este tema había una agenda política desde que comenzara. A este tema no se le dio la oportunidad de someterse al escrutinio de la ciencia y fue usado para imponer medidas como el cierre del consulado en Cuba (obligó a las familias cubanas a tener que hacer viajes costosos y a veces con riesgo a otros países a recibir esos servicios, y algunos no pudieron viajar porque no podían costearse esos viajes).

“Pero se suspendió casi todo prácticamente, los viajes Pueblo a Pueblo, el intercambio entre las universidades… La espiral más extrema de medidas hostiles contra Cuba no comienza cuando llega Pompeo al Departamento de Estado, sino cuando llega Mauricio Claver-Carone, en el verano de 2018. El propio Marcos Rubio le declaró al New York Times ‘yo puse a Mauricio ahí’ y ‘todo se hiperimpulsó’. Ya antes de ganar la Casa Blanca, ya tenían una hoja de ruta marcada que terminaba en la ruptura de relaciones, y que también preveía la inclusión en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

“Hoy en día podemos decir que prácticamente lo lograron todo, excepto la ruptura total de relaciones o la agresión, y tampoco el objetivo final, que es derrocar a la Revolución cubana”, afirmó.

Había un componente político desde el primer día. Las alertas de viajes en que Cuba está en nivel 4, que implican no hacer viajes a ese país, sigue en vigor. Y están las 242 medidas que impuso Trump a Cuba, no todas basadas en la mentira de los ‘ataques’ porque esta sufrió cierto desgaste. Luego vinieron otras. El patrón siempre fue buscar un pretexto falso y responsabilizar a Cuba por las medidas hostiles que EE.UU. le aplicaba.

“Si hubiera que marcar un punto de viraje en esas intenciones, serían las acusaciones falsas sobre los ataques sónicos.

“Han pasado cuatro años, y 242 medidas después no hay un solo elemento que se pueda considerar evidencia apegada a la ciencia, que sustente la teoría de los ataques. Somos el país más interesado en el mundo en colaborar y hallar una solución en este tema.

“Nuestro presidente ha expresado públicamente la voluntad de retomar un rumbo positivo si así fuera la decisión del nuevo Gobierno de Estados Unidos. Este de los ‘ataques’ fue sin dudas un tema muy nefasto impacto en las relaciones.

“Con respeto a las diferencias, sin trampas y dejando a un lado la manipulación política, está abierta la voluntad y la invitación a Estados Unidos a trabajar desde la ciencia y con todo el apoyo que se necesite desde la diplomacia, la política y la medicina”, concluyó.



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