Los estragos de la cuarentena


Son días complejos para todos. La pandemia por la Covid-19 puso a prueba las fragilidades existentes en el tejido social. Parece ser que los “avances contra del virus”, pueden significar retrocesos en distintas esferas sociales y emocionales, incluso en la salud mental.

Un confinamiento puede afectar las dinámicas económicas, pero también puede impactar en el bienestar emocional de los ciudadanos. Analicemos los ámbitos más afectados por la cuarentena.

Con el brote inicial de coronavirus a finales de 2019, en Wuhan, la Organización Mundial de la Salud (OMS) tomó medidas ante la expansión del virus. No fue hasta marzo de 2020 que se clasificó el virus, como una Emergencia en Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII).

Ante la transmisión acelerada y descontrolada de la enfermedad alrededor del mundo, la OMS recomendó implementar medidas de distanciamiento social y la cuarentena, para controlar la propagación. Algunos países decidieron seguir las recomendaciones de la OMS y otros implementaron sus propias medidas. En el caso de Panamá, las autoridades gubernamentales, optaron por seguir las recomendaciones dadas, principalmente, en cuanto a la cuarentena.

La cuarentena llenó de incertidumbre a la población, por tratarse de una medida sin precedentes. La sociedad panameña no se encontraba preparada para transformar el funcionamiento de la economía o su forma de socializar. Otro obstáculo fue la falta de data estadística. Es evidente que las autoridades no lograron calcular el impacto que tendría un confinamiento, sin data suficiente para evaluarlo

El 24 de marzo del 2020 se anunció la implementación de la primera cuarentena, 24 horas del día, en todo el país; exceptuando horarios de salida para el abastecimiento de insumos imprescindibles. El encierro había empezado. Surgían muchas preguntas sin responder. ¿Cómo viviremos distanciados de nuestros familiares? ¿Qué impacto tendrá una cuarentena en las personas?

Lo que no se esperaba era que la pandemia y la cuarentena aumentaran el nivel de estrés en las personas. El temor y la ansiedad, respecto al virus y al futuro, resultan ser abrumadores para muchos. Genera emociones, algunas veces, negativas. Las medidas contra el virus, como el teletrabajo, el desempleo temporal, pero, sobre todo, el nuevo y desafiante distanciamiento social, hacen que muchas personas se sintieran aisladas.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó, el 10 de septiembre de 2020, que la pandemia estaba afectando la salud mental de las personas, especialmente, la de los trabajadores del área salud. Renato Oliveira e Souza, jefe de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OPS advirtió que, “es importante apoyarnos mutuamente en estos tiempos de pandemia y conocer los signos de advertencia del suicidio para ayudar a prevenirlo”.

Las cifras lo comprueban: desde el 1 de enero al 18 de mayo de 2020, 65 personas se suicidaron en Panamá, 32 de ellas en el período de confinamiento, informó el Ministerio Público.

La OMS confirmó un aumento de violencia contra las mujeres, con el inicio de la pandemia. En Panamá, se reportaron 3,165 casos de violencia doméstica, sólo en el primer trimestre de cuarentena.

Atendiendo a las alertas de organismos internacionales y del personal de salud mental a nivel nacional, el gobierno panameño, implementó una línea de atención psicológica: la Respuesta Operativa de Salud Automática (R.O.S.A.) y la línea 169. En 60 días de funcionamiento, R.O.S.A. atendió unas 400 personas y más de 5 mil personas llamaron al 169. Cifras preocupantes para nuestro país, que develan lo necesarias que son estas vías de atención a la salud mental.

El Ministerio de Educación presentó su línea de auxilio para atender a jóvenes en riesgo, y así prevenir el suicidio. Por su parte, el Instituto Nacional de Salud Mental (I.S.A.M.) habilitó 3 líneas de atención.

Como ciudadanos, debemos entender la importancia del bienestar de todos. Es momento de tomarse un minuto y hablar sobre los estragos de la cuarentena en la salud mental.

Urge implementar políticas públicas para prevenir más casos de suicidio y asistir a quienes padecen de una condición de riesgo. Una víctima indirecta de la Covid-19 es la salud mental. Hay que tomar medidas urgentes.

El auto es estudiante de Derecho y miembro de Jóvenes Unidos por La Educación.



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