El origen de una pandemia


A principios de esta semana, la OMS publicó un reporte sobre el probable origen del SARS-CoV-2. Este documento es el producto de una investigación realizada por 34 científicos de diferentes países, incluyendo China, pero las conclusiones del mismo han sido cuestionadas. La pregunta central era si el virus que ha causado esta pandemia fue producto de un accidente ocurrido en el Laboratorio de Virología de Wuhan o si fue consecuencia de un spillover o salto del virus de los murciélagos a algún otro animal y de allí a los humanos. El referido informe pone la hipótesis del accidente de laboratorio como “muy poco probable” y se inclina más por un evento natural.

Al margen de las consecuencias políticas e históricas que pueda tener este delicado tema, la pregunta sobre el origen de esta pandemia es muy importante de cara al futuro.

Entender cómo surgen los virus o bacterias que causan las pandemias es esencial para la prevención, preparación o mitigación de futuros eventos.

A lo largo de la historia han surgido muchas enfermedades infecciosas que han tenido la capacidad de extenderse a través de todo el mundo. Famosas son las epidemias de plaga o peste negra, la viruela, las pandemias de cólera, influenza, el VIH/sida, sólo para nombrar algunas.

Las bacterias y los virus que causan estas epidemias a escala mundial tienen por lo general unas características que les permiten diseminarse y afectar a un gran número de personas. En primer lugar, necesitan un mecanismo de transmisión eficaz. En el caso del cólera, por ejemplo, es el agua o los alimentos contaminados con la bacteria vibrio cholera que se excretan en las heces de los enfermos. En el caso del VIH/sida, es el intercambio de secreciones durante las relaciones sexuales. Las pandemias de infecciones respiratorias, como el SARS-CoV-2, son gotitas respiratorias que contienen estos virus y pasan eficientemente de una persona a otra.

El segundo factor importante para que estas infecciones se diseminen exitosamente, es encontrar una alta proporción de personas susceptibles. Algunas de estas enfermedades son nuevas para las poblaciones humanas y prácticamente nadie es inmune. En otros casos, aunque hayamos tenido infecciones similares en algún momento de nuestras vidas, los microbios han cambiado lo suficiente para que nuestro sistema inmune no los reconozca. Ejemplo de este último tipo de fenómeno lo vemos con los virus de influenza, que a pesar de causar epidemias todos los años, súbitamente cambian su estructura y comportamiento y dan lugar a grandes pandemias, como la famosa gripe española de 1918.

Con mucha frecuencia, las pandemias son causadas por agentes que normalmente están presentes en los animales. Entonces, cuando se dan las condiciones apropiadas, los microbios “saltan” de una especie a otra, se adaptan y empiezan a transmitirse entre los seres humanos. Virus muy similares al que causa el VIH se han documentado en primates como el chimpancé y el gorila y son los antecesores de éste. En algún momento, a inicios del siglo XX, estos virus pasaron de los primates en África a la gente. El origen y reservorio de los coronavirus son los murciélagos, los virus de influenza generalmente provienen de las aves o los cerdos y el origen de otras gérmenes pandémicos se pierde en la historia y no es posible establecer con certeza su origen en el reino animal.

Los factores antropogénicos también contribuyen significativamente a la expansión de las epidemias y pandemias. La sobrepoblación en los grandes centros urbanos y el hacinamiento de las personas en los hogares y sitios de trabajo facilita la transmisión de las infecciones. Igualmente, las deficientes condiciones higiénicas, la pobreza extrema, la desnutrición y la falta de acceso a servicios de salud son todos factores que le hacen la vida más fácil a los microbios y las infecciones.

Por otro lado, la enorme movilidad de las personas, insumos y recursos facilitan también la movilización de agentes infecciosos o sus vectores o reservorios de un lugar a otro del planeta en unas cuantas horas o días. Otros elementos, como la deforestación, el cambio climático, el tráfico y la invasión del hábitat natural de animales silvestres, ponen en contacto a las poblaciones humanas con microorganismos potencialmente pandémicos presentes en estos últimos. La cría de animales a gran escala y su hacinamiento en granjas puede facilitar el surgimiento y expansión de una nueva cepa de virus o bacteria. Este fue el caso de la primera pandemia del siglo XXI, con la influenza o gripe porcina.

Como vemos, hay factores complejos y diversos que influyen en la génesis de las pandemias, algunos relacionados con los microbios, especialmente aquellos presentes en animales. Sin embargo, muchos de los factores son el producto de conductas, condiciones sociales y acciones de los seres humanos, y en teoría modificables.

Hasta el momento, que sepamos, ninguna pandemia ha tenido su origen en un laboratorio.

Sin embargo, en 1967 ocurrió un brote de una fiebre hemorrágica que afectó a 31 personas en Marburg, Alemania. Las personas afectadas se contagiaron al manipular tejidos derivados de monos verdes africanos que tenían el virus que ahora conocemos como virus de Marburg. Aunque este evento fue limitado y no llegó a constituirse en una pandemia, al menos ilustra lo que puede ocurrir al trabajar con agentes infecciosos con potencial para afectar a la gente.

La pandemia de Covid-19 ha sido sin lugar a dudas devastadora, y aunque su origen seguirá siendo debatido en los meses y años venideros, esperemos que de ésta nos queden lecciones que nos enseñen a evitar o contener las pandemias que vengan en el futuro. Estoy optimista, pero, por si acaso, no voy a apostar que será así.

El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas



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