El monstruo está vivo | La Prensa Panamá


El 12 de diciembre del año 2000, la Corte Suprema de Estados Unidos le negó al ambientalista Al Gore su derecho al debido proceso, cerrando toda posibilidad de recurso judicial para obtener un recuento de los votos en Florida. El resultado fue que George Bush hijo, se convirtiera en Presidente de los Estados Unidos.

Un consorcio periodístico consiguió meses después hacer un recuento de los votos que Gore había pedido, resultando que efectivamente habría ganado la elección de Florida si se hubiese hecho el recuento.

Donald Trump perdió descomunalmente la elección del 3 de noviembre de 2020. Sus abogados interpusieron 62 recursos judiciales ante 90 jueces y magistrados estatales y federales, incluso 2 veces ante la Corte Suprema de Estados Unidos. Todos estos recursos fueron desestimados. Se hicieron recuentos de votos en Georgia dos veces, en Pensilvania y Arizona una vez, en todos los cuales resultó perdedor.

A principios del años 2020, previo a las eleciones, Donald Trump redujo los fondos federales para la asistencia electoral de los Estados, cambió al jefe de los correos de los Estados Unidos para nombrar a un “secuaz” que según han determinado investigaciones del propio Congreso de Estados Unidos, disminuyó la capacidad de recolección de la correspondencia en ese país.

Trump se opuso públicamente al voto por correo a pesar de la pandemia. Mientras tanto, en Estados claves como Florida, Texas, Georgia entre otros, se purgaron los padrones electorales para que principalmente los ciudadanos afro-estadounidenses fueran excluidos de las listas de votación.

En Texas se asignó una sola urna para votaciones adelantadas en la ciudad de Houston de 4 millones de habitantes, mientas que en Florida se cambiaron las reglas para que cientos de miles de ciudadanos de raza negra no pudieran votar. Aún así, Trump perdió descomunalmente la elección.

Cualquiera que ha visitado el Capitolio en la ciudad de Washington se impresiona por su arquitectura, sus imponentes pasillos de mármol blanco, y el impresionante aparato de seguridad.

En una de mis visitas recuerdo puertas blindadas, detectores de metales y zonas restringidas al público. La llegada de manifestantes al Capitolio el día miércoles 6 de enero no fue recibida con las mismas medidas de seguridad que usualmente se aplican en la capital estadounidense. Hay tomas en las que se constata que los propios policías el Capitolio movían las barricadas para permitir la entrada de los manifestantes y que incluso se tomaban “selfie” con los seguidores de Trump.

No hay forma posible de llegar a la oficina de Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes, a menos que se abran los diversos anillos de seguridad para permitir esa entrada.

La presencia de banderas confederadas y dé un nudo de horca, símbolo del Ku Klux Klan (KKK) y del linchamiento de los negros, envía claros mensajes de que hubo complicidad para facilitar el ataque.

Lo acontecido el 6 de enero, venía marinándose por décadas. Para que el 30% de la población de Estados Unidos crea que a Trump le robaron las elecciones se necesita de mucha complicidad. Aquí entra el papel del complejo mediático liderado por las televisoras de la familia Murdoch, Fox, los canales y estaciones de radio evangélicas y las malditas redes sociales.

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Los simpatizantes del presidente Trump lograron ingresar al Capitolio. AFP

La proliferación de medios de comunicación manipuladores de la verdad es un legado de Ronald Reagan, (1981-1989) cuyo gobierno desmanteló los controles federales que impedían la concentración de medios de comunicación, y abolió la regulación de la “doctrina de la equidad” que obligaba a que un medio radial o televisivo que emitiera una noticia u opinión, debiera darle la oportunidad de contrastarla a otro sector. Ese principio es la base del periodismo moderno.

Pero ya no se le aplica a la televisión y radio estadounidense, todo lo cual le abrió las puertas la a cadena Fox y su estilo televisivo.

Con la elección de Barak Obama, (2009-2017) el fuego hacia el racismo aumentó. Donald Trump supo capitalizar con su lenguaje codificado y sus tácticas altamente mediáticas el resentimiento de una parte importante de la población de Estados Unidos a tener un presidente negro.

Sumado a esto, Trump aprovechó una ola anti-elitista que curiosamente afectó a los candidatos republicanos más moderados y lo benefició a él. En Estados Unidos para el 2016 existía un profundo resentimiento contra el “establishment” representado por las familias Clinton y Bush.

La elección presidencial de ese año, parecía manifestar una polarización cargada de un sentimiento de “cualquiera menos Hilary”. A pesar de que la ex primera dama recibió 3 millones de voto más que Trump, las reglas del arcaico Colegio Electoral le dieron la victoria a Trump.

Donald Trump no es un accidente de la historia, sino el resultado de esta. Estados Unidos ha abanicado dentro de su seno fuertes tendencias racistas y de extremismos de derecha y de izquierda.

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Parte de los agentes de seguridad no lograron contener a los manifestantes. AFP

Durante la administración de Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) el Ku Klux Klan y grupos neonazis atentaron contra su vida y otros líderes políticos y culturales.

Roosevelt les puso al FBI encima hasta desmantelar a lo que se conoció como “silver shirts”, es decir los camisas plateadas. Parece que esta lucha la tendrá que retomar el gobierno de Biden, porque lo iniciado con Trump no se va a aplacar con su salida. Una fiera herida es muy peligrosa.

En solo una ocasión los republicanos han ganado la mayoría de los votos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde 1992. A pesar de esto, han ocupado la presidencia en 3 ocasiones. Ese deficit democrático empodera a los extremismos y facilita que minorías privilegiadas dominen la agenda de las políticas públicas en ese país. El 6 de enero de 2021 les queda de recuerdo, que la democracia es un hábito que debe ser cultivado todos los días.

Aprender a perder, es tan importante como saber ganar. El respetar los consensos y los derechos de los demás son actitudes muy escasas en los pueblos del mundo. El veneno del racismo sigue circulando por la sangre de muchos estadounidenses, y junto al poder del dinero en la política han creado una terrible combinación: un monstruo que está vivo y que ya sabe lo que puede hacer.



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