Deconstruyendo el 2020 | La Prensa Panamá


La deconstrucción del 2020, para analizarlo, es una empresa que requiere de muchas miradas. No creo ser capaz de hacerlo. Sin embargo, para ayudarme he elegido algunas palabras clave que sirvan para hacer una reflexión de este año lleno de calamidades y, a la vez, sirvan para reconstruir.

Conocimiento. La gestión del conocimiento que se ha generado será fundamental para las decisiones que vayamos a tomar en el futuro. La ciencia y las humanidades venían gritando que algunas cosas no andaban bien y que teníamos que poner el conocimiento como una prioridad para resolver muchos problemas. El virus llamó la atención para que los gobiernos escucharan a nuestros científicos. Pese a todo este escenario, parece que la ciencia, la tecnología y las humanidades aún tendrán que luchar para que los gobiernos inviertan recursos en la búsqueda de conocimiento.

Economía. Dalia Ventura escribió el 19 de abril de este año en el BBC New que “la economía también está ligada a la vida y la muerte de personas”. Es decir, que la economía no sólo se refiere a “las pérdidas en la bolsa, las bajas en los precios del petróleo o del poder adquisitivo de los consumidores”. Echarle la culpa a la pandemia de los índices de desigualdad y pobreza en América Latina, no es sensato; la brecha ya existía y la actual crisis solo la puso en relieve. El 2021 se perfila como un año en que la pobreza tendrá un soporte y una justificación de parte de sistemas egoístas que sólo se preocupan por un desarrollo vertical y no sostenible. No sé cuál será el modelo perfecto de sistema económico, pero sí sé que el modelo de desarrollo actual tiene que cambiar por uno realmente sostenible.

Gobernabilidad. Los problemas de la gobernación que tienen nuestros países quedaron al desnudo con la pandemia. El historiador israelí Yuval Noah Harari ha dicho: “La crisis nos obliga a tomar decisiones muy importantes y tomarlas rápidamente”. En medio de estas prisas, muchos gobernantes de la región demostraron su incapacidad de gestionar su capacidad decisoria afectando directamente los derechos humanos y los valores más nobles del ser humano. La crisis sanitaria demostró que aún hace mucha falta capacitar a los políticos para mejorar su habilidad de gobernar en contextos difíciles.

Cultura. Cuando se dieron las primeras horas de encierro, la cultura sirvió como bálsamo para resistir el aislamiento. Ahora, no olvidemos que también fue por un problema cultural que la Covid-19 llegó a los seres humanos. Esto demuestra que la cultura es un espacio donde se generan tensiones y conflictos, pero también es el canal para visualizar, reflexionar y encontrarle alivio a nuestros problemas. Algo más: con la pandemia quedó en evidencia que necesitamos de protocolos de intervención cultural en contextos de crisis para no andar improvisando. Tal vez ahora entendamos que la cultura está implícita en todo y, con un adecuado protocolo, puede ayudar más.

Naturaleza. Es vital, como escribió Rodrigo Tarté, que recuperamos el diálogo con la naturaleza. Este científico humanista escribió: “El camino a tomar es el de la alfabetización ecológica de nuestras sociedades”. Tal vez aquí entre en el juego otra palabra clave: educación. Ya no podemos seguir defendiendo una educación que solo capacita para la competitividad; también tenemos que educar a ciudadanos que cuiden su planeta; es hora de hablar de alfabetización ecológica.

Ética. La crisis mundial es también moral, intelectual y espiritual. El virus no arruinó las virtudes humanas; ya existía esa crisis y con la pandemia sólo vimos cómo la carencia de valores agravó el problema. Una falsa moral y un nihilismo exacerbado bastaron para poner en práctica un relativismo moral sin sentido: todo vale, porque nada importa en una crisis. El conocimiento de la verdad, sí importa. Mario Bunge afirmaba que si no creemos que la verdad existe, no vamos a esforzarnos por buscarla. Una verdad es que nos estamos matando nosotros mismos por la ciega voluntad de consumir; otra es que debemos aprender a cuidar lo que realmente importa o nos quedaremos sin casa.

Familia. La familia ha sido el cuerpo de la sociedad más afectada en la crisis. Desde muchos lados ha sido lastimada. En millones de familias falta alguien que se lo llevó el virus; familias separadas y virtualizadas, lejos de los abrazos. Creo que es desde la familia que la sociedad encontrará la respuesta y el camino. Si la familia funciona bien, la sociedad, también. No serán la Iglesia, ni la escuela, ni el Estado los que nos darán a hombres y mujeres que salvarán a este mundo…Es la familia.

Lenguaje. Desde palabras como virus, aislamiento, miedo, distanciamiento, frontera, vulnerable, muerte, anciano, joven, solidaridad, normalidad, tiempo o género, empezamos a construir un nuevo lenguaje para comunicarnos. La palabra, la oralidad y la escritura nos han servido siempre en momentos críticos para reconocernos. Bien nos quedaría un diccionario de la pandemia que nos ayude a deletrear el mundo con las palabras adecuadas para edificar un relato universal para la historia.

El autor es escritor



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