Decodificando valores: la polarización | La Prensa Panamá


La Covid-19 se ha cobrado la vida de más de 4 millones de personas en todo el mundo, pero no de forma igualitaria. ¿Por qué? ¿Acaso el virus tiene una preferencia por ciertos de los 195 países que componen este vulnerable mundo?

Al parecer, gran peso en la dispar situación de los países la tuvieron las decisiones de sus gobiernos y dirigentes. Aquellos dictatoriales, como Rusia, Turquía, Irán y Corea del Norte, la manejaron mal, pero la China comunista mejor. Entre las sociedades libres, algunas la manejaron mejor como Israel, Finlandia, y Nueva Zelandia; y otras peor, como Italia, Brasil y Estados Unidos. Países “isla” controlaron fácilmente sus bordes, pero al Reino Unido no le fue tan bien. ¿Cómo es que ciertos gobiernos manejaron mejor la crisis que otros?

Para contestar a esta pregunta debemos empezar por analizar la situación socio económica previa a la crisis. Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo occidental vivió décadas de prosperidad, con más libertades y oportunidades, que culminaron en 1989 con la caída del bloque soviético. Con el auge del comercio internacional, el internet, y la globalización, vivimos hace ya unas décadas un proceso de “homogenización” cultural el cual, en mi opinión, ha causado una reacción opuesta de “nacionalización”, polarizando negativamente nuestras sociedades.

Este proceso ha desbalanceado muchas sociedades que, en vez de tener un centro fuerte y mayoritario con polos débiles y marginales, han permitido que grupos extremistas las dominen. En un polo están los conservacionistas o nacionalistas, aquellos quienes rechazan este proceso de internacionalización y aceptación de los demás, de los diferentes (que ellos han ampliado a extranjeros, homosexuales, y demás) con la débil excusa de la pérdida de valores sociales, locales y tradicionales. En el otro extremo, están los súper liberales, aquellos que buscan quebrar convenciones, casi al borde de la anarquía, con una exagerada sensibilidad, rechazando tradiciones, rompiendo los lazos que nos unen como sociedad, poniendo al individuo primero, segundo y tercero.

No creo que vivamos una “pérdida de valores” sino una errónea escala de valores. En el pasado se disputaban guerras basadas en ideología, pero también en tierras, agua, comida o recursos naturales. Hoy parece que casi todos los conflictos están basados en esta radicalización que esta crisis mundial ha acentuado. Muchos medios, comentaristas y analistas nos presentan disputas basadas en raza, religión, visión política, de salud o económica pues para ellos estos son temas tangibles, fáciles de explicar y proporcionan “ratings”. Pero, en el fondo, estos son solo los marcos de la verdadera crisis que vivimos hoy: un deterioro de los valores humanos básicos y la distorsión del necesario sentido común.

¿Y cómo se forja y se hereda esta mentalidad? Una persona debería comportarse según su lógica, instinto y educación, pero es su escala de valores la que guía todas sus demás cualidades, como un compás. Esta escala, como los cimientos de un edificio, es invisible a los demás y por lo tanto difícil de comprender. Es posible en estos cimientos se encuentre nuestra voluntad por hacer lo correcto a pesar de lo que nuestra sociedad dicte, pero esta voluntad se erosiona cuando la sociedad se polariza.

¿Y cómo controlan los extremistas? Dividiendo a centralistas. Para acabar con esto los centralistas deben unirse, rechazar este proceso y regresar el sentido común a la mesa de negocios. No podemos ignorar a los extremistas, pero al menos podemos y debemos controlar su poder de influencia.

Ha llegado la hora de salir del “closet” en que escondemos nuestros valores, solo porque no están de moda. Una sociedad próspera no puede vivir polarizada en el nacionalismo o en el liberalismo. La prosperidad viene de un balance entre los diferentes aspectos, permitiendo ciertas libertades, pero no todas, otorgando oportunidades, pero siempre verificándolas. Una sociedad con sus valores balanceados debe ser nuestra mayor ambición.

El autor es arquitecto y panameño residente en Israel



MÁS INFORMACIÓN

SiteLock
Facebook