De revolucionarios a lumpen | La Prensa Panamá


Cinco mil años ha sufrido el mundo entero, controlado por los primeros sapiens hasta el faraónico absolutismo de tiranos con todos los colores. En el siglo de la revolución francesa y por diferente ruta surge el marxismo y los nuevos líderes mesiánicos del siglo XX: Mao, Xi Jinping, Kim, Castro… Los rusos consolidaron el nuevo imperio con Lenin, Stalin, Vladimir Putin… China Roja afinó las teclas del piano oriental y en América contamos 60 años de castrismo, 40 de sandinismo y otro tanto del chavismo, continuado por maduras marionetas en el cono sur.

Para los marxistas doctrinales, la revolución es como el Padre Nuestro. El primer mandamiento: conquistar el gobierno y desde el poder controlar las armas y mantener permanente agitación social. Mandará solamente el partido proletario y si los máximos dirigentes perdemos el favor del populacho, sacamos los fusiles y nos robamos las elecciones. La élite se apodera del Estado para mandar por toda la eternidad y un día más.

Los sindicalistas de izquierda formados en Cuba cumplen también esa primera regla del credo: tomar la directiva del gremio, promover agitación social, expulsar los traidores y controlar el sindicato para siempre.

En Panamá, el liderazgo político de la extrema izquierda tiene color y olor a sindicato. No han logrado el poder por la vía electoral (Partido del Pueblo-FAD) porque siempre llegan detrás de la ambulancia y nunca han encontrado manera de hacerse con el mando de las fuerzas armadas. Pero son dueños de la calle, movilizan la tropa roja paralizando las calles con la simple fórmula de bloquear los medios de transporte. Todos los gobiernos les temen, no son capaces de enfrentar este abuso en aras de mantener la paz.

A pesar de su fuerza callejera, los marxistas no avanzan en la captura política de Panamá porque el pueblo los rechaza. Hoy, buscando apoyo del proletariado, arman un regalo con triple lacito. Primero: la movida que comenzó denunciando al diálogo nacional por la Caja de Seguro Social. Parcialidad del facilitador Joaquín Villar y repudio a los 20 miembros del diálogo que no son afines. Asqueados (sic), abandonan la mesa representantes de Conato, Conusi, CGT, etc. Segundo: en progreso, campañas de publicidad, fanfarria, manifestaciones y declaraciones explosivas denunciando que el gobierno y la clase privada se han unido para destruir la Caja de Seguro Social, botando 5,000 funcionarios, imponiendo la tercerización de los componentes administrativos y privatizando el sistema de pensiones. Tercero: por todo el tiempo que se pueda, paralizar el país con apoyo de la fuerza roja y los compañeritos de viaje, como educadores, estudiantes, desempleados, etc. La policía que no se meta.

La oportunidad es perfecta. Después de un año de pandemia, estamos asolados, desmoralizados, limpios, sin trabajo, tristes y enfermos. Ahora nos quitarán la magra seguridad social y el sistema de pensiones. Una fórmula perfecta para el caos social. A mi, ¡qué me importa!

El autor es abogado



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