De derechos humanos, educación virtual y otras cosas


Creo entender el discurso de los derechos humanos. He estudiado un tanto esta materia. Durante algunos años, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, impartí clases de Derechos Humanos. Hasta un manual de tales derechos llegué a escribir a fin de que mis estudiantes, al legar los exámenes semestrales, se asistieran de él para el estudio. Hoy día, los contenidos y la extensión de esta materia ha sido de tal magnitud, casi abrumador su expansionismo, que por derechos humanos se entiende una cosa y se hace otra. Hemos llegado a los extremos de estimar que existen derechos para los perros, los gatos, pronto para los ratones, las vacas, las gallinas, en fin. Pero de las cosas sustanciales que debemos preocuparnos y entender que deben aplicarse los derechos humanos, su connotación antropocéntrica, ahí como que el discurso de tales derechos se nos olvida o algún tipo de amnesia nos llega.

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Siempre dije a mis estudiantes, no solo al impartir las clases sobre derechos humanos, sino también en Filosofía del Derecho, que la pablara Derecho solo se podría predicar en atención exclusiva del ser humano, del hombre. Dígase “Derechos” e, inmediatamente, pensamos en la alteridad social, la interacción social, la alternatividad de sus normas y principios, su vinculatoriedad, su autarquismo, y sin soslayar el carácter cosmopolita de los derechos humanos, sus especiales características de que se trata de derechos que son cosmopolitas o universales, intransferibles, inajenables e inembargables, sustanciales o inherentes a la condición de “humanos”.

Respecto a las cosas o a los semovientes, no existen derechos que estos puedan irrogarse o que puedan ejercer. En todo caso, las cosas y los semovientes y otras especies de animales, ameritan cuidados, atenciones, pero jamás derechos. Las cosas, pertenecientes al orden cósico y los animales al orden animado o viviente, no son sujetos titulares de derechos. Es imposible aplicar el concepto Derecho, su contenido, sentido y alcance para estos objetos. Quedará claro que no significa, de ningún modo, que deben dejarse al abandono o desamparo, jamás, sino que los cuidados se corresponden a sus instintos: alimentación, dispensación de cariño, seguridad, recreación, movilización, libertad, etc. No se puede hablar de derechos a los animales, simplemente, no toca ni corresponde. Que hayan normas jurídicas, que vienen en aumento, protegiendo los perros, gatos, etc., no significa que los tales sean titulares de derechos.

Lo que no puede aceptarse es que los gatos y perros tengan derechos, y quién sabe en el día de mañana, muy pronto, se protejan las gallinas y las vacas, al extremo que ya no podamos comer ni unas ni otras. Por ahí ya se viene diciendo que las vacas contaminan el ecosistema y que posiblemente tengamos que comer insectos. Nadie lo cree aún, pero cuando ello se dé, ojalá nunca, entonces consideraremos que nuestra indiferencia fue nuestra propia condena.

Volviendo al tema de los reales y efectivos derechos humanos. Pues, confieso que advierto un deje o abandono de ellos. ¿Quién se preocupa en Panamá por el trabajo infantil, el abandono de miles y miles de niños en las ciudades y en los campos y que, aun con una familia, se encuentran en absoluto desamparo, tanto en su salud como en la alimentación; quién piensa o considera el enorme índice de deserción escolar que se ha dado como consecuencia de la pandemia del coronavirus? ¿Quién piensa en los derechos de los niños y jóvenes que bajo la enseñanza de una educación virtual pasan largas jornadas –hasta 7 y 8 horas al día- frente a una computadora, muchos frente a un celular, con reducidos intervalos de tiempo que a veces no les permite siquiera digerir bien los alimentos? Conocemos de experiencias en otras latitudes (V.gr. Estados Unidos) en donde la educación virtual es tres días a la semana y con jornadas de hasta 4 horas al día. Niños y muchachos que además de esta perversa metodología de enseñanza, los atosigan con tareas o investigaciones que deben entregar cuando no al día siguiente, a lo sumo al segundo o tercer día.

Qué decir del duro drama de ver a pequeños niños y niñas, a nuestros adolescentes, encerrados en un cuarto haciendo gimnasia o deporte frente al computador, como zombis; niños y niñas durmiéndose frente al computador en estado casi de pleno letargo. ¿Y qué hace el Ministerio de Educación por nuestros niños? Nada.

Los colegios, sobre todo los privados, con tal de justificar los cobros mensuales a los padres de familia, han metido clases de todo, vía virtual, y creerse que, de este modo, se justifica la cobranza expoliadora a los padres. ¿Y Meduca? En Belén con los pastores. ¡No pasada nada! Dios bendiga a la Patria.



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