“Con la pandemia, la realidad nos pasó por encima”


Olivia ha vivido su vida rodeada de arte. El teatro, el cine y la televisión corren por las venas de esta actriz que protagoniza junto a su madre, Ángela Molina, una de las series españolas más populares del momento, La valla (disponible en Atresplayer y Netflix). La llegada de la pandemia sorprendió a la intérprete sobre el escenario: se encontraba de gira con la adaptación de Perfectos desconocidos, obra basada en la película homónima de Álex de la Iglesia. Ahora, con las funciones retomadas y una vuelta a la normalidad progresiva y cuidadosa, cuenta cómo ha vivido estos últimos meses y cómo ha cambiado su perspectiva tras el obligado parón. 

‘La valla’ se rodó antes de que comenzase la pandemia, pero parece premonitoria en algunos aspectos…

¡Un año antes! Cuando la rodábamos era totalmente una distopía, una realidad imaginada en 2045. En ella había cosas que nos sonaban, porque ya habían sucedido en nuestro país y en otros: la posguerra, el hecho de que haya personas desaparecidas, la falta de libertades individuales o colectivas, la escasez de recursos básicos… Por otro lado, tiene algunas referencias futuristas, como un nuevo orden establecido y un colapso medioambiental que hacen que la vida se empiece a vivir de otra manera.

Esta mezcla era obviamente una distopía, viene de corrientes sociales actuales, tejidos comunes y cosas que podrían pasar, pero que aún no habían sucedido. Y entonces, con la pandemia, la realidad nos pasó por encima. La serie se convirtió en algo que estábamos viviendo. Aunque las circunstancias son distintas, algunas cosas de las que pasan, como la búsqueda atropellada de una vacuna, estaban sucediendo de verdad.

¿Qué se puede aprender de algo como esto, tanto en la vida real como en la ficción?

Que nada está bajo control, hay cosas mucho más grandes que nosotros que tenemos que aceptar e incluso aprender de ellas. La serie, aunque es dura y cruda por su planteamiento, muestra algo muy interesante: que somos mucho más fuertes unidos y que, juntos, podemos lograr grandes cambios globales con exigencias políticas y sociales. Es verdad que la conciencia individual es muy  importante, pero en grupo somos muy poderosos y el cambio viene por ahí.

Su tramareferencia a gran escala problemáticas que se encuentran en la sociedad de hoy de forma más discreta. ¿Puede un producto televisivo evitar que nos precipitemos hacia situaciones extremas?

Totalmente. Creo firmemente que la ficción y la cultura sirven como reflejo y como herramienta de reflexión. Al final, la cultura es eso; nos hace replantearnos quiénes somos, a dónde vamos y qué cosas podrían pasar. Por eso es tan importante contar y escuchar historias, y por eso creo que es un sector que hay que cuidar muchísimo. Al fin y al cabo, es nuestra identidad y lo que nos hace avanzar como sociedad. Además, funciona como una especie de memoria colectiva para recordar los errores que hemos cometido y no volver a caer en ellos. Es una herramienta básica en la construcción de una sociedad.

“La cultura es un sector que hay que cuidar muchísimo: es nuestra identidad, lo que nos hace avanzar como sociedad”

Ese sector cultural está pasando sus peores días como consecuencia de la crisis sanitaria, ¿cómo conseguiremos que salga adelante?

Creo que lo primero es tomar conciencia de la importancia que tiene. Es un sector que siempre está en la cuerda floja, nunca lo cuidamos lo suficiente. En concreto, el sector teatral, el que más conozco, es muy frágil y de él dependen muchísimas familias. 

Usted misma vivió cómo se cancelaban las funciones debido a la COVID-19. 

Así es. En Perfectos desconocidos se nos han caído más del 50% de los bolos y, aunque es verdad que se están siguiendo todas las medidas de seguridad, las distancias y los protocolos, el teatro se está viendo muy perjudicado. Aun así, creo que se va a sostener, porque se está haciendo un esfuerzo muy grande por parte de todos: técnicos, productores teatrales, actores… Estamos esforzándonos mucho para estar ahí, para mantenerlo y para nutrirnos unos a otros.

¿Cómo vivió la vuelta al escenario tras el confinamiento?

Fue increíble. La primera función, en el Teatro Olympia de Valencia, fue sobrecogedora. A nosotros la vida se nos paró en seco en marzo, como a tantas otras personas. De un día para otro, se nos acabó el trabajo y no sabíamos si  volveríamos a vernos, ni bajo qué condiciones.

Por eso, cuando en septiembre anunciaron que volvíamos a la carga, volvimos a respirar. Ver en la primera función tras el confinamiento a todo el público sentado, el teatro con aforo limitado pero lleno, las personas que, aun con butacas entre ellos, se daban la mano, las risas y lo distintas que sonaban… Sentí una comunión muy intensa entre público y actores.

Había ganas de volver…

Y muchas ganas de estar, de hacer cosas juntos, de ver teatro, de alegría. Es eso lo que combate este estado de miedo que hemos vivido, que nos frena mucho. Creo que es importante seguir manteniendo música, baile, teatro, cine, lectura… Lo necesitamos para no caer en la desidia, porque si no, es muy complicado.

En ‘Perfectos desconocidos’ se trata la relación con la tecnología, ¿qué papel cree que tiene hoy en día?

El móvil es una herramienta útil, depende del lugar y del valor que le des. Ha cambiado radicalmente nuestra manera de comunicarnos, de acceder a la información y de ver el mundo. Pero, al mismo tiempo, no hay normas y todos estamos aprendiendo sobre la marcha a llevar lo mejor posible esta explosión de redes y de hipercomunicación constante. La función plantea eso: cómo podemos escondernos, esconder nuestra verdad, lo que nos hace ser nosotros.

¿Cuál es su relación con esa hiperconexión? 

Tengo una relación de amor-odio total. Por un lado, lo necesito, lo disfruto y aprendo muchísimo con ello. A la vez, reconozco que a veces ocupa demasiado espacio en mi vida y me curo de ello. Cuido el ejemplo que les doy a mis hijos, intento que el móvil no sea protagonista todo el tiempo, que no esté sobre la mesa cuando hablo con ellos. Me parece que no hay normas y me gusta ponérmelas, para no darle más espacio del que debo. Lo importante es que no nos robe el presente, que es lo que de verdad es importante. Hay que darle el valor que tiene, pero también cuidar los momentos de pausa, de estar en comunicación con los demás. 

“He disfrutado de mi madre sin ningún tipo de conflictividad ni tontería”

En ‘La valla’ trabaja mano a mano con su madre, Ángela Molina. ¿Qué le ha aportado?

He disfrutado mucho de pasar tiempo con ella, además de descubrirla en el día a día del oficio que hace tan bien. La vida es complicada, uno no tiene tanto tiempo ni espacio para compartir con sus padres, y durante esos meses estuvimos viéndonos casi a diario. Era una novedad tremenda, porque yo soy madre y tengo mi vida, y pasar ese tiempo de calidad a su lado ha sido precioso. Ahora estoy en otro momento vital y he podido disfrutarla mucho sin ningún tipo de conflictividad ni de tontería, sino simplemente con el placer de verla hacer, desde una posición adulta. Eso es lo más bonito.

La serie está ambientada en 2045, ¿cómo cree que será el mundo para entonces?

¡Ay, Dios mío! Espero que no como en la serie [risas]. No soy muy de pensar hacia adelante, porque me pierdo un poco. Pero en el corto plazo, sí creo que este año que hemos vivido ha supuesto un cambio. Yo he tomado conciencia de lo vulnerables que somos y de la fragilidad que tienen la salud, la alegría o las libertades, cosas que siempre hemos dado por hecho. 

Algo muy importante que he aprendido, que me gustaría trasladar al futuro y construir desde ahí, es lo fundamental que resulta la actitud que una toma ante las cosas. No tanto lo que pasa, sino qué hacer con lo que pasa, qué valor y qué sentido se le da. Quiero que eso constituya mi vida, y basar en eso mi camino.

Editorial Estilismo: Olga Borreguero. Maquillaje: Jen Barreiro. Fotografía: Lazarina. 



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