Ciencia e innovación para el crecimiento económico y desarrollo social


Este lunes fue la defensa de la tesis en opción al grado de Doctor en Ciencias del Presidente de la República. La investigación trata sobre la gestión del gobierno basado en ciencia e innovación para el desarrollo sostenible de Cuba.

En Cuba hay una necesidad inaplazable de hacer más efectivas las alianzas universidades-centros de producción-entidades de Ciencia, tecnología e innovación, como premisa para lograr un mayor impacto de las investigaciones sobre los programas de desarrollo de la Isla.

En el reciente artículo publicado en la revista Anales de la Academia de Ciencias de Cuba, el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, argumenta cómo el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación es pequeño y se encuentra débilmente interconectado, requerido de nuevas formas de gestión que transformen ese escenario y repotencien el aporte de la ciencia, a la tecnología y la innovación a la economía, a la sociedad, a la soberanía y a la cultura del archipiélago.

¿Qué metas se plantea la sociedad cubana que demandan capacidades humanas, cognitivas y tecnológicas avanzadas?, se pregunta el mandatario. Habla del desarrollo basado en el modelo económico y social que nos define como nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible, y reitera que, para concretarlo, es imprescindible crear y aprovechar capacidades de conocimiento, ciencia, tecnología e innovación.

«Las metas que el país se ha propuesto plantean un conjunto de desafíos de alta complejidad que solo pueden ser asumidos movilizando todos los recursos disponibles en materia de capacidades de investigación-desarrollo, conocimiento avanzado, educación y potencial humano altamente calificado», valora.

Resalta el desarrollo sostenible y la prosperidad como aspiraciones que, «en términos del socialismo cubano, tienen que significar crecimiento y desarrollo económico y, a la vez, desarrollo social, caracterizado por la equidad y la inclusión social».

Menciona la urgencia de prácticas científicas y tecnológicas afines al desarrollo sostenible e inclusivo, de conceptualizaciones que al respecto han surgido, entre ellas la de Ciencia de la Sostenibilidad, y asegura que «las prácticas científico-tecnológicas desplegadas (por Cuba) en el combate contra la covid-19 han posibilitado ofrecer alternativas (…) que permiten enfrentar un desafío global de primera magnitud a la vida humana».

Ciencia, tecnología y valores, todos juntos, ofrecen a Cuba la posibilidad de enfrentar contingencias nuevas y viejas, enfatiza Miguel Díaz-Canel Bermúdez. «Estos valores siempre están presentes, pero en condiciones como las que impone la COVID-19 se expresan con especial intensidad».

El Jefe de Estado subraya que, en el contexto de cerco económico y financiero en el que nuestro país enfrenta el coronavirus, las limitaciones de recursos y la ambición tecnológica se combinaron para dar lugar a «una “heurística de innovación” que ha aportado un conjunto importantísimo de innovaciones de productos, equipos, procedimientos y protocolos de atención a los pacientes».

A su vez, esas innovaciones han permitido prevenir el contagio, el paso a la gravedad de los pacientes más vulnerables, el tratamiento de la enfermedad moderada, el de la severa, y la recuperación de las personas curadas, procurando reducir posibles secuelas.

Asevera que la Ciencia de la Sostenibilidad se beneficia de la cooperación transdisciplinaria y la articulación intersectorial, y ejemplifica que, para enfrentar a la pandemia, se crearon grupos y subgrupos de ciencia coordinados por direcciones de la Salud Pública y de las Industrias Biotecnológicas y Farmacéuticas de Cuba, e integrados por diversas instituciones.

«Ese tipo de trabajo anticipatorio, colectivo, intersectorial y transdisciplinario, centrado en la innovación orientada a preservar la salud humana, puede considerarse un signo propio de Ciencia de la Sostenibilidad», sugiere el Presidente. «Un rasgo que se ha atribuido a la Ciencia de la Sostenibilidad es que ella es capaz de operar en la interfaz ciencia-política. Se trata de un complejo escenario donde tiene lugar el intercambio entre científicos, los decisores y el público involucrado».  

LOS APORTES Y EL MÉTODO

«La comunidad científica se involucró en un diálogo directo y constructivo con los más altos representantes del Gobierno cubano, y en ese diálogo se construyen las principales decisiones tecnológicas y sociales».

Acerca de la novedad de los aportes de la industria biofarmacéutica de Cuba, para combatir la covid-19, «es variable», refiere Díaz-Canel. «Entre los más novedosos están cuatro candidatos vacunales».

A la vez –dice–, se han logrado producir en el país instrumentos imprescindibles para enfrentar la pandemia, equipos de ventilación deficitarios en el mercado, en un contexto de amplia demanda mundial, y que han permitido un significativo ahorro económico por sustitución de importaciones, esfuerzo en el que han colaborado el sector privado y el público.

«Es un buen ejemplo de esfuerzo para crear capacidad tecnológica autónoma opuesta a la dependencia tecnológica; muestra de que es posible creer en la capacidad propia de generar nacionalmente y reducir las importaciones, objetivo del mayor interés para la política gubernamental cubana».

A juicio del mandatario, la innovación permite aprovechar oportunidades, afrontar amenazas, disminuir la dependencia respecto de algo o alguien, sustituir importaciones, materias primas, generar un producto exportable o un nuevo mercado.

Los espacios de la innovación no se limitan a las empresas, afirma. «Se puede y se debe innovar en la administración pública, en las comunidades, en las escuelas, entre otros espacios».

Las empresas –sostiene Díaz-Canel– son actores decisivos en los sistemas de innovación, «pero el rol del Estado y el valor de la política deben considerarse un elemento clave para promover actores fortalecidos, interacciones vigorosas y sistemas regulatorios que permitan generar dinámicas innovativas relevantes. Y lo que es más importante: ponerlas al servicio del desarrollo sostenible e inclusivo».

Plantea, igualmente, la necesidad de desarrollar capacidad tecnológica autónoma, y producir, en el país, todo lo que sea razonable y posible; «sustituir importaciones y generar exportaciones, supone capacidad tecnológica e innovadora».  

Deja claro, también, que la formación y superación de cuadros de la administración pública deben de incorporar conocimientos sobre política y gestión de innovación, a la vez que se perfecciona la formación en gestión de la innovación en los cuadros del sector empresarial.

Advierte que el aprovechamiento de las capacidades de ciencia, tecnología e innovación no se da de manera espontánea, que lograrlo exige superar estilos y pensamiento arcaicos, generar interacciones, sinergias, y disponer de regulaciones que apoyen los esfuerzos en favor de la innovación.

«No se trata solo de hacer más y buena ciencia, sino de orientarla, conducirla socialmente del modo que sea más conveniente a los intereses de la nación», concluye, en su artículo, el Presidente de la República.



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