Cantinflas: ¿qué ocurrió con la herencia del icónico actor Mario Moreno? | México | Mario Moreno Ivanova


A los 81 años, un 20 de abril de 1993, Mario Moreno ‘Cantinflas’ falleció víctima de un cáncer al pulmón. Tras su muerte, dejó una fortuna personal de 25 millones de dólares, libres de sus propiedades. ¿Qué ocurrió con todo ese legado?

De acuerdo con las cifras que recogió The New York Times a días de su fallecimiento, el intérprete contaba con cinco casas, una cadena de peluquerías y salones de belleza, una colección privada de arte, un avión privado, un rancho de más de 400 hectáreas, conocido como La Purísima, entre otras posesiones como automóviles y departamentos en Acapulco (México).

En total, todo el patrimonio del legendario actor mexicano sumaba alrededor de 70 millones de dólares. Legado al que también se sumaron los derechos cinematográficos de las 39 películas que realizó Cantinflas y cuyo heredero fue Mario Arturo Moreno Ivanova, su único hijo.

Sin embargo, tan solo un par de semanas después de la muerte del ‘Gran Mimo’, el sobrino Eduardo Moreno Laparade llevó hasta los tribunales el destino de aquellos derechos, pues, según quiso demostrar, estos le fueron cedidos a su nombre un mes antes del deceso del artista.

SOLO QUEDABAN 13 MIL NUEVOS PESOS

Mientras Moreno Ivanova estuvo con vida, las peleas judiciales con su primo se alargaron hasta tres años antes de su muerte, en el 2017, cuando perdió la vida a causa de un infarto fulminante. Y es que, en el 2014, la Corte Suprema de México dictaminó que Eduardo Moreno Laparade era el “sucesor de los derechos cinematográficos” de Cantinflas.

En el ínterin, la disputa puso sobre el ojo público más de un secreto familiar, como la adicción a la cocaína del hijo adoptivo de Mario Moreno, culpable de los malos manejos de la herencia en la que desaparecieron varios millones de dólares, además de algunos inmuebles. Pero la culpa, según Moreno Ivanova, fue de los bancos.

“Mi papá tenia cuentas en España, Islas Caimán, Nueva York y México, y al fallecer fui a los bancos a informarles del deceso, para congelarlas y hacer los inventarios de la herencia, pero el saldo de Banamex, en donde yo sabía que había como 68 o 70 millones de dólares, solamente encontramos 13 mil nuevos pesos”, dijo en el 2003 a El Universal.

Mario Arturo Moreno Ivanova, cuya verdadera madre fue una estadounidense llamada Marion Roberts que se suicidó en diciembre de 1961, fue adoptado por Cantinflas en una decisión tomada junto a su esposa rusa Valentina Ivanova Zuvareff.

TITA MARBEZ Y LOS NIETOS DEL ‘GRAN MIMO’

La muerte de Moreno Ivanova abrió una nueva interrogante en torno a la herencia de Cantinflas: ¿quién sería el nuevo o la nueva dueña del patrimonio? La respuesta recayó sobre Tita Marbez, tercera esposa del hijo del artista, quien se encontraba separada de él al momento de su partida, pero no divorciada, según precisó a la prensa.

A ella, Moreno Ivanova la nombró heredera universal, razón por la que los hijos que tuvo antes de contraer matrimonio con el heredero de Cantinflas también recibieron parte de la herencia. Pero los nietos del actor mexicano aseguraron en una rueda de prensa que lucharán por recuperar el legado que su padre debió dejarles.

Valentina, Mario y Marisa, los tres hijos de Moreno Ivanova, impugnaron el testamento que legó su padre en el 2017 con el fin de recuperar las propiedades de su abuelo. Una de ellas es una mansión ubicada en Acapulco, que se encuentra, a la fecha, abandonada y en ruinas.

“Aquí no estamos yendo por las cosas de mi papá sino por las de mi abuelo, y no las cosas materiales ni económicas sino lo sentimental, su imagen, los derechos que se tienen hacia el personaje y las cosas de valor, la memorabilia, como sus zapatos y su gabardina”, indicó Mario, el mayor de los nietos.

En su momento, el nieto también precisó que no buscan pelea sino recuperar el legado de la familia y también que cuando hablan de llegar hasta las últimas consecuencias es porque seguirán el proceso legal hasta una resolución final. La herencia de Cantinflas continúa una ruta incierta que parece no tener final.



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