Bienestar e insatisfacción, por A. Prieto


Estimado director,

en la casa donde nació mi difunto padre no había instalación de agua ni luz eléctrica, los alimentos se cocinaban en recipientes puestos sobre el fuego hecho en el suelo y ciertas necesidades fisiológicas se hacían en una bacinilla o directamente en el campo. La energía para realizar las tareas domésticas y agrícolas provenía de los animales domésticos y las personas, pues tanto los electrodomésticos como la maquinaria a motor destinada a la agricultura y ganadería eran avances tecnológicos que estaban al alcance de muy pocas personas.

Transcurrido casi un siglo, el progreso ha hecho posible que la inmensa mayoría de la población de nuestro país tenga unas condiciones de vida significativamente más favorables. Pues bien, siendo la búsqueda del bienestar una poderosa fuerza motriz de la adaptación del entorno y la evolución humana, llama la atención la idea aplicada al entorno laboral en los últimos tiempos consistente en pensar que, para obtener una buena estimulación de aspectos como la innovación, el dinamismo y el rendimiento, es necesario salir de la ‘zona de confort’ e introducirse en un espacio de tensión, sacrificio e incertidumbre. Vete a saber si el siglo XXI será el de los pijamas de esparto y los rascacielos sin ascensor. Qué ámbito es más propicio para la calidad y productividad profesional, ¿el de la satisfacción o el del malestar?

Alejandro Prieto Orviz



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