Biden emplea guerra de decretos para enfrentar los fantasmas de Trump


El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ascendió al poder en medio de una diatriba donde se cuestionó su victoria y tras la toma por parte de partidarios de Donald Trump del congreso de los Estados Unidos para evitar su certificación como presidente electo de esta nación, acción que fue calificado por algunos expertos y políticos como un golpe de Estado.

Su llegada a la Casa Blanca luego de la ceremonía de juramentación, ha sido registrada como histórica, por haber sido la primera ocasión en que un Mandatario estadounidense firma 17 decretos en su primer día los cuales abordan todas las temáticas internas y externas donde Trump tuvo una alta incidencia en giros drásticos.

El covid-19, la migración, el muro fronterizo, el cambio climático y el multilateralismo fueron las áreas donde se centraron estos decretos que buscan borrar las huellas del trumpismo que sigue rondando como un fantasma a la administración Biden que llega en medio de la más evidente división de la sociedad estadounidense.

“Estados Unidos es un país totalmente fracturado y fragmentado en cuanto al poder y políticamente nunca podrá verse el poder estadounidense de manera monolítica, claro ellos tienen una política de Estado que es subyacente a cualquier Gobierno, pero aún así esa política de Estado también se ha visto fracturada, porque como en otros países, la política estadounidense también ha sufrido anomalías; la destrucción del bipartidismo, el nacimiento de figuras anómalas dentro de un sistema como es Trump, entonces esos son los retos y esas son las anomalías a las que se enfrenta el presidente Biden y en estos momentos creo que su equipo de Gobierno está tratando de reconstruir un poco el periodo pre Trump, buscan casi que desaparecerlo del mapa como lo evidencia que Biden tiene más de 20 decretos ejecutivos, lo cual no se veía ni siquiera en el periodo de Franklin D. Roosevelt”, explicó el internacioalista, abogado, licenciado en letras y exasesor en política exterior, José Jesús Villa Pelayo.

Desmontando un golpe de Estado

El asalto al capitolio fue señalado por Pelosi como una insurrección promovida por Trump

En la actualidad en el senado estadounidense se desarrolla un proceso de impeachment contra el expresidente Donald Trump como consecuencia de los hechos acaecidos el pasado 6 de enero donde un grupo de simpatizantes del ahora exmandatario tomaron por asalto las instalaciones del Congreso de los EEUU interrumpiendo la sesión donde se certificaría la victoria de Biden tal y como lo prevé la Constitución de la nación norteamericana.

“Lo que vimos a comienzo de años con el famoso asalto al Capitolio no fue más que un golpe de Estado; que no comenzó en ese momento, ese era el punto clímax de un plan que comenzó con el desconocimiento de los resultados electorales de Trump y por supuesto todas las operaciones de guerra psicológica, de guerra cultural, de guerra lingüística, de incluso de guerra legal, el llamado Lawfear que ellos le aplican a América Latina (…). En algún momento de la historia, cuando comiencen a desclasificarse documentos, se sabrá los detalles sobre este golpe de Estado”, sostuvo Villa.

A consecuencia de estas acciones por parte de Trump en la nación estadounidense se comenzó a hablar de la fragilidad del sistema democrático que había sido visibilizado ante el mundo como el ejemplo de la democracia perfecta fundamentado en un bipartidismo donde prevalecía el respeto y la coexistencia.

“Vamos a ver muchos Decretos más para tratar de volver a un status quo estadounidense, en el que el establishment se sienta más en equilibrio porque en este momento la situación para la política estadounidense es sumamente grave y hay cosas que no sabemos y cosas que no se sabrán sino después de mucho tiempo”, afirmó el catedrático.

Viraje migratorio

La política de separación de familias fue cuestionada por organismos de derechos humanos

Entre las medidas adoptadas por Biden en su primer día fue el virage de 180° sobre la política migratoria impuesta por Trump, que se centró en la construcción del muro en la frontera con México, la separación de familias, la deportación inmediata y el recorte del financiamiento a los países del llamado triángulo de centroamérica.

Entre las medidas que ha anunciado el novel Mandatario estadounidense está la nacionalización de más de 10 millones de indocumentados que residen en EEUU desde hace más de 15 años. A la par anunció la puesta en marcha de una estrategia regional integrada de cuatro años por un monto de 4.000 millones de dólares.

Entre las medidas que en esta materia ha ido promoviendo Biden mediante un inicio de gestión plagada de decretos, está la promulgación de tres nuevos para derribar la política de separación familiar implementada por Trump bajo el plan “tolerencia cero” y que dejó como consecuencia que al menos 611 niños se encuentren sin poder hallar a sus padres. Para revertir esta situación el Mandatario norteamericano creo un grupo de trabajo para reunificar a las familias.

El grupo de trabajo estará presidido por el secretario del Departamento de Seguridad Nacional, el latino de origen cubano Alejandro Mayorkas, quien se convirtió en el primer ciudadano inmigrante en ocupar este cargo.

“Biden necesita consenso, necesita aprobación, recuerda que se puso en duda el resultado de las elecciones dentro del marco de esta gran operación que realizó el presidente Trump y los que lo apoyaban en esta locura, entonces creo que está buscando consenso, está buscando cohesión, están buscando la aprobación del mundo latino que es demasiado grande y cada vez más influyente dentro de EEUU y eso lo puede ver en el mismo equipo de Gobierno, porque el problema es la fractura. No nos extrañe que así como vemos estas decisiones en políticas migratorias, la nacionalización de un grupo enorme de inmigrantes, la suavización en cuanto a la migración, el mismo hecho de parar la construcción del muro, el financiamiento y todo lo que había planificado Trump; parar todo esto ya tiene simbólicamente un enorme significado porque es la reapertura de las fronteras, es un poco la retoma la idea del Estado imperial con políticas globalistas”, apuntó.

Recomposición a lo externo

Blinken, es el secretario de Estado de laAdministración del demócrata Joe Biden. EFE/Alex Cruz/Archivo

Uno de los fundamentos del discurso de Biden durante la campaña fue la importancia de “recuperar el liderazgo de EEUU en el mundo” que consideró fue relegado por la actitud aislacionista de su antecesor, que llegó incluso a amenazar con poner fin a la alianza militar que mantiene con sus principales aliados; Europa.

“Trump fracturó las relaciones con Europa, con sus propios socios, con aliados, casi que hubo un intento de descontrucción de la OTAN en algún momento, porque parecía que quien estaba en el poder en los Estados Unidos era un loco, alguien que lo hace recordar a los empreadores romanos como Calígula, Nerón en su peor época, pero detrás de estas políticas de Trump estaba esta infiltración neoconservadora y una de las cosas de las que Biden tiene que cuidarse es precisamente de esta infiltración del Estado profundo de este movimiento guerrerista que se infiltró también en el Gobierno de Obama”, advirtió Pelayo.

El retorno a la Organización Mundial de la Salud, al Acuerdo de París sobre el cambio climático, el asomo de un posible reingreso al Consejo de Derechos Humanos en la ONU y la revisión de la política de sanciones implementadas por Trump que alcanzó a China, Cuba, Irán, Nicaragua, Rusia y Venezuela, son algunas de las decisiones tomadas por el demócrata.

“Con Biden están los globalistas metidos en la política exterior estadounidense y por eso es que vamos a ver cambios, porque los globalistas tienen una posición diametralmente opuesta a la de los conservadores que estaban haciendo pulso en la política exterior de los EEUU cuyo máximos representantes en la era Trump, eran Bolton y Abrams y otro tipo muy influtente que se llama Paul Wolfowitz, por eso vamos a ver cambios a la recomposición de las relaciones con sus aliados europeos, de sus relaciones con China, de las relaciones con Rusia, aunque con pulsiones, y también una recomposición de las relaciones con América Latina”, vaticinó el internacionalista, quien no duda que existan cambios incluso en la políca hacia Cuba y Venezuela.

“Sobre Cuba y Venezuela vamos a ver todavía ese lenguaje duro, el que se escuchó en el secretario de Estado Antony Blinken cuando dijo en el senado que Maduro era un dictador, pero eso son solamente palabras, en la práctica vamos a ver otra cosa, básicamente con Biden vamos a ver una política de distensión con el mundo”, afirmó.

Sobre todas estas acciones de Biden pesa la sombra de la llamada “inercia imperial” que ha truncado iniciativas de algunos de sus antecesores, siendo el caso más reciente y evidente el de Barack Obama, quien en su primer día de Gobierno en 2009 firmó un decreto para clausurar la carcel de Guantánamo que 12 años después de esta orden, se mantiene operativa y bajo el mismo secreto militar.



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