Andrea del Valle trabaja para crear la cura contra el cáncer mediante medicina maya – Prensa Libre


La ingeniera Andrea del Valle reside en Taiwán desde hace 11 años y se dedica a la investigación para encontrar la cura del cáncer. (Foto Prensa Libre: cortesía).

La ingeniera Andrea del Valle reside en Taiwán desde hace 11 años y se dedica a la investigación para encontrar la cura del cáncer. (Foto Prensa Libre: cortesía).


Andrea del Valle se ha caracterizado por ser una estudiante destacada. Desde pequeña le llamó mucho la atención la investigación, sobre todo la que estuviera relacionada con la química, física y biología. Por ello decidió ingresar a la Universidad de San Carlos de Guatemala para estudiar medicina, pero no para ejercer como médico después de graduarse, sino para tener conocimientos básicos de cómo funciona el organismo y luego hacer investigaciones.

“La experiencia en la Usac fue muy bonita. Al inicio me dio miedo hacer los exámenes, sobre todo el de psicología porque me daba miedo que me dijeran que no podía estudiar nada, pero entré a la carrera de medicina. Mi idea era estudiar una carrera de 7 años, graduarme de licenciada en medicina, obtener una beca y luego ejercer como investigadora. Mis clases favoritas eran biología, física y química porque eran a las que más les entendía y sentía que me servirían para investigar más adelante”, relata.

En el primer año de la carrera, durante la clase de biología, Del Valle le preguntó a la catedrática si podrían utilizar el ADN de una forma diferente para curar el cáncer, a lo que la licenciada respondió que sí se podría, pero que eso no lo harían ellos. Eso no le correspondía a dicha carrera. “En ese momento me di cuenta de que estaba en el lugar equivocado y no quería seguir allí”, afirma.

Entonces, ingresó su papelería a una convocatoria de becas para Taiwán que le llegó a su correo electrónico. Aunque todavía se cuestiona si realmente colocó bien la información en los formularios y se desenvolvió adecuadamente en las entrevistas que le realizaron, a las semanas la llamaron para darle la buena noticia: le habían concedido la beca e iría a estudiar al país asiático.

“Fue el viaje más largo que he hecho. No había pasado tanto tiempo en un avión, fueron en total 25 horas volando. Cuando llegué a Taiwán dije que no me iría de acá porque no quería volver a hacer un vuelo tan largo”, bromea.

Al inicio la principal dificultad fue el idioma, por lo que el primer año se dedicó a estudiar mandarín. Tomó el curso en nivel intensivo y estudiaba tres horas al día. Convencida de dar lo mejor de sí misma se dedicó a estudiar y ahorrar dinero para que el próximo año pudiera comenzar la Universidad y estudiar Ingeniería biomédica y licenciatura en ciencias ambientales.

“Yo no estaba segura de qué quería investigar, entonces escogí una carrera que me prepara para investigar cualquier cosa, y así fue. Recibí clases de física, en donde aprendí a hacer reactores nucleares para hacer máquinas de rayos X y de ultrasonidos. También en el área de química nos prepararon para hacer compuestos químicos y farmacéuticos. Al final, uno no sabía qué estaba estudiando, pero estábamos seguros podríamos hacer cualquier cosa”, dice la ingeniera.

La investigación

Cuando estuvo en el área de ciencias médicas una profesora le enseñó a cultivar células, luego comenzó a hacer investigaciones sobre el cáncer simplemente con el propósito de aprender cómo se cultivan esas células. Sus primeros estudios no estaban enfocados en la cura de esta enfermedad sino en ver su desarrollo, luego, al ver cómo era la estructura de las células y cómo se podría utilizar para eliminarlo, comenzó con tratamientos para tratar el cáncer.

Andrea Del Valle dedica la mayoría de su tiempo a investigar la cura del cáncer. (Foto Prensa Libre: cortesía).

Los tratamientos que ha desarrollado consisten en la idea de minimizar la interacción de la quimioterapia con las células no cancerígenas y aumentar la acumulación de la droga en el tumor. Al inyectar un 100% de la medicina un 1% se queda en el tumor. Este es un problema, puesto que se debe elevar la dosis para eliminar el tumor; al mismo tiempo, la quimioterapia no distingue entre las células cancerígenas y las sanas, que se dividen rápidamente y provocan severos efectos secundarios en el paciente.

La droga que llega al tumor hace morir a células cancerígenas, pero muchas sobreviven y ahí es en donde empieza la resistencia hacia la quimioterapia. La nanotecnología ahora permite empacar gran dosis de medicina en nanorobots, hechos de hierro, oro y platino, y acumularla en el tumor para matarlo con más efectividad.

Complicaciones

Después de realizar los estudios preclínicos, Del Valle explica que ha cambiado de rumbo ya que las empresas privadas que patentarán el fármaco para luego colocarlo en el mercado, no recibieron bien la noticia de que se tendría que inyectar hierro, oro o platino a las personas. “Me puso muy triste la noticia, porque eran todos los estudios que habíamos hecho para mi doctorado, pero ahora estamos trabajando en otro fármaco, inspirado en la medicina tradicional maya”, dice.

La ingeniera Del Valle culminó y obtuvo un doctorado en Taiwán. (Foto Prensa Libre: cortesía).

Para este nuevo fármaco, que también tiene como objetivo el contrarrestar los efectos secundarios de las quimioterapias y ser un tratamiento alternativo, están utilizando compuestos orgánicos. “Una forma sencilla de explicarlo es imaginarse que para curar esta enfermedad nos tenemos que tomar un té, entonces nosotros estamos haciendo un super té que sea capaz de destruir las células cancerígenas, pero que no sea tóxico para las células saludables”, comenta.

La mayoría de las personas que optan por probar este tipo de investigaciones son pacientes con cáncer terminal. Es decir que ya trataron con cirugía, radioterapia o quimioterapia, pero no se ha logrado combatir la enfermedad, ya que esta está muy avanzada, así que no les queda otra oportunidad que probar las investigaciones nuevas.

La ingeniera explica que actualmente comenzarán a realizar las pruebas en animales, para que luego la investigación pueda ser patentada y así buscar nuevo financiamiento para inaugurar una empresa que lo fabrique y se pueda ya aplicar a los pacientes.

“Siempre me ha interesado la medicina tradicional maya y por eso ahora estoy haciendo el super té, porque son infusiones a base de plantas. Además, será más fácil que la iniciativa privada desee patentar un fármaco”, comenta.

Las pruebas preclínicas iniciarán en diciembre del 2020 y aproximadamente en julio del 2021 aplicarán a la patente y presupuestos, para que este fármaco pueda continuar con la ruta de investigación y ayude a más personas a vencer el cáncer.




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