Real Madrid y Liverpool reeditan la final de la cinta voladora de García-Cortés y el ‘ciego’ Boskov


Ambos clubes ya se encontraron en el Parque de los Príncipes en 1981. Ganaron los ingleses 1-0 con un zapatazo de Alan Kennedy. Ganas de revancha


Han pasado casi 37 años desde entonces. Pero el Real Madrid todavía tiene una espina clavada con el Liverpool por aquello. Intentó arrancársela en los octavos de final de la Champions League en 2009, y sólo consiguió hacer más y más profunda la herida (0-1 y 4-0). Es cierto que en la fase de grupos de 2014 ganó los dos partidos al Liverpool (1-0 y 0-3), pero la satisfacción no es ni mucho menos comparable. Y todo a raíz de aquella final de Copa de Europa de 1981, donde el conjunto inglés ganó 1-0, dejando al Real Madrid de los García sin un trofeo que llevaba esperando desde 1966. El que hubiera sido el broche a una buena generación de futbolistas como Vicente Del Bosque, Carlos Santillana, Juanito, José Antonio Camacho o Uli Stielike, y que sin embargo, terminó disolviéndose sin haber podido coronarse como reyes del Viejo Continente.

El sueño aquella temporada comenzó a materializarse tras eliminar al Inter de Milán en las semifinales. Pocos esperaban que aquel Real Madrid pudiera llegar a la final de la Copa de Europa, y como muestra, lo sucedido en la capital española los días previos a aquella final. “Adidas se acercó a nosotros antes de la final”, rememoraba Rafa García-Cortés en exclusiva con Goal con motivo del último enfrentamiento entre Real Madrid y Liverpool. “Yo nunca había jugado en el Real Madrid con Adidas, creo, jugábamos con otra marca que no llevaba ni su escudo en la camiseta. Y esa semana se acercaron para hacer varios contratos con jugadores”. 

La expectación era máxima, tanta como la sorpresa inicial por haber alcanzado esa última ronda que daba derecho a jugar en el Parque de los Príncipes. Lamentablemente para el equipo español, la experiencia de ese equipo en grandes lides no era proporcional a las esperanzas depositadas en conquistar el título. “Los días anteriores fueron de mucho nerviosismo. Había intranquilidad, no dormí bien por las noches, de la responsabilidad de saber que estás ante algo muy grande”, rememora el propio Rafa García-Cortés en Goal.

El entrenador del Real Madrid entonces era Vujadin Boskov, fallecido el pasado año 2014, y considerado un revolucionario del fútbol entonces. “Entonces la preparación física era correr, correr y correr. Salíamos al parque detrás de la antigua ciudad deportiva, y corríamos como ardillas. Y si no, al Pardo, a hacer kilómetros como bobos. Pero él usaba balón para todo. Los Camacho, Del Bosque y demás que le tuvieron de entrenador estoy seguro que adoptaron un poco de su filosofía de trabajo y ejercicios”, recuerda García-Cortés, que también desveló en Goal la gran particularidad de Boskov: “no veía mucho. Necesitaba que la gente de alrededor le guiara un poco desde el banquillo. Juan Santisteban era el que le ayudaba, junto con el doctor Cadenas y la gente del banquillo, porque en los partidos no distinguía lo que pasaba en la banda contraria. ‘¿Quién es aquél? ¿Qué ha pasado?’, preguntaba constantemente”.

En el bando contrario, otro entrenador de campanillas: Bob Paisley. Leyenda del Liverpool, gurú del mejor equipo de la historia red, y un mito del fútbol europeo. Hasta 2014, el entrenador que más Copas de Europa había levantado, tres, las mismas que Carlo Ancelotti desde su paso por el club blanco.  “El Real Madrid quiso a mi padre en 1977”, decía su hijo en las páginas de As hace un tiempo, cuando Paisley todavía estaba en camino de entrar en la Historia del fútbol.

Con ese entrenador, y esas figuras, el Liverpool era el equipo claramente favorito para hacerse con la Copa de Europa en aquella final de 1981. La había logrado ya en 1977 y 1978. Y tras ganar aquella en el Parque de los Príncipes, todavía la ganaría de nuevo en 1984. O lo que es lo mismo, cuatro veces en ocho ediciones, ganándose un hueco en los libros de historia del fútbol europeo, con la rúbrica de figuras como Kenny Dalglish, Alann Kennedy, Sammy Lee, Graeme Souness o David Johnson. 

Graeme Souness Lawrie Cunningham Liverpool Real Madrid 1981

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De ese claro favoritismo para los red, quizás la estrategia de Vujadin Boskov para esa final en París: marcas individuales por todo el campo. Especialmente de los defensas, pero no fueron los únicos. José Antonio Camacho, mismamente, figuró como mediocampista para favorecer la marca a Souness por todo el campo. Fue su sombra. Andrés Sabido le rompió la camiseta a David Johnson en un lance del juego, y fueron varios los encontronazos entre rojos y blancos, de esos propios del fútbol rudo de hace tres décadas. Lo que buscaba el técnico merengue: frenar al Liverpool antes de proyectar a los suyos. De ahí también que el Real Madrid apenas tuviera una ocasión, un mano a mano de Camacho, que intentó una vaselina desde unos veinticinco metros. Quién sabe qué hubiera pasado si le llega a caer ese pase a Juanito, pero lo que sucedió fue que el defensa murciano tiró la vaselina por encima del larguero.

Y al contrario, el Liverpool apenas tuvo también una única ocasión dentro del igualadísimo y trabado encuentro, pero los ingleses sí lograron embocar a gol. Y fue también su lateral izquierdo, Alan Kennedy. Un saque de banda donde no tenía marca, controla con el pecho y es el propio García-Cortés el que no acierta a despejar. “Fue un error mío porque no di al balón al botar en una raya, que antes no eran planas del todo, y Alan Kennedy recogió el balón y marcó”, explicaba a Goal el propio defensa madridista. Agustín se venció hacia el centro y el zaguero inglés, aunque pegado a la línea de fondo, logró encontrar las mallas de la portería merengue. “¿Lo has hecho a propósito?”, le dijo David Johnson al propio Kennedy cuando éste celebraba el gol con la afición. Increíble, pero cierto. En un saque de banda se decidía la corona europea. Era el minuto 81, y el Real Madrid ya no tuvo capacidad de reacción. El campeón estaba ya decidido.

Aquel gol marcó de por vida a Rafa García-Cortés. En el peor sentido posible. “Cuando llegué a Madrid desde París, tiré por la ventana la cinta del partido, que lo tenía grabado”, explicaba a Goal. Aunque luego, recuperaría la grabación, curiosamente. “Luego al cabo de los años, en Osasuna estaba Sammy Lee [que fue ayudante de Kenny Dalglish en el Liverpool], y mi amigo Andrés Sabido, que consiguió una cinta que Lee había grabado”, rememora. Una cinta que es historia del fútbol. Carlos Santillana siempre dice que, por él, no hubiera jugado la final si hubiera sabido que la perdían. Pero eso ya no se puede cambiar. Si acaso, vengar en Kiev, pero no cambiar.



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