Periódico Invasor – Soledad que me gusta, soledad que me mata…


Considerada más dañina que la obesidad y el hábito de fumar, la “soledad” —en tanto fenómeno psicosocial— constituye hoy un problema para la salud pública de muchos países.

En ocasiones se le atribuye cierta relación con el envejecimiento. No obstante, no son únicamente los adultos mayores los que por diferentes motivos llegan a este estadio de la vida con ese mal a cuestas.

La soledad puede tener su origen en diferentes causas: elección personal, aislamiento impuesto por un determinado sector de la sociedad, una enfermedad contagiosa u otros hábitos.

Evidencias médicas apuntan que el aislamiento social y la soledad aumentan de manera significativa el riesgo de morir de forma prematura, y contribuyen al surgimiento y desarrollo de enfermedades cardiovasculares, derrames cerebrales y en las personas mayores, también se le asocia con un mayor riesgo de sufrir Alzheimer.

¿Epidemia?

En la actualidad se le reconoce como una epidemia, y a diferencia de otras, más relacionadas con lo puramente orgánico, a esta se le asocia con “males” del corazón y de amores. De ahí que poetas, cantores, y artistas de diversas manifestaciones, hayan recurrido de alguna manera al tema y lo reflejen en sus obras.

“Prefiero la tranquilidad de la soledad, que la decepción de una mala compañía”, “A veces la soledad es el precio de la libertad”, son frases comunes que se alzan como una bandera para “defender” el mundo personal que cada cual ha elegido.

“El estar solo”, considerado como la privación voluntaria de compañía, en períodos largos puede llevar a la depresión, al aislamiento, a la reclusión, y llegar hasta el extremo de no poder establecer relaciones con los demás. No obstante, existen quienes no la consideran “deprimente”, sino por el contrario la disfrutan.

Aunque en algún momento de nuestras vidas la soledad ha tocado a la puerta, algunas personas no ven cómo salir de esa situación. Salvo excepciones, se trata de una situación indeseada, similar a la depresión y la ansiedad.

En algún momento de nuestras vidas las soledad ha “tocado” a nuestras puertas.

La soledad se debate entre lo social o lo emocional. La primera es cuando no se posee una red de relaciones del cual uno se sienta parte ya sea para compartir intereses o actividades; en tanto la segunda es a partir de la pérdida o la falta de una relación íntima y estrecha con otra persona.

Asimismo, también tiene que ver con la capacidad de los individuos para expresar y comunicar sentimientos y opiniones. Ante la ausencia de esta competencia emocional para relacionarnos entonces, aumenta la probabilidad de quedarnos solos, ya que las relaciones que intentamos establecer resultan ser menos empáticas y entusiastas.

Decálogo de la soledad

Fuentes pasivas consultadas (estudios e investigaciones) resaltan diez efectos devastadores.

La soledad no depende de la cantidad de amigos o relaciones que tengamos; el 60 por ciento de las personas casadas se sienten solas; puede distorsionar la percepción de nuestras relaciones; contagiarse a través de las redes sociales; realmente nos hace sentir más frío; como si nuestros cuerpos fueran atacados; la soledad crónica aumenta significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares; suprime el funcionamiento de nuestro sistema inmunológico; puede reducir el efecto de las vacunas y es tan perjudicial como fumar cigarrillos.

Tomar conciencia de que, realmente tiene más desventajas que ventajas, es una necesidad de nuestro tiempo. Estar solos debe ser únicamente un deseo personal, sin dar la espalda a sus posibles consecuencias.

Si se trata de cuestiones de amor, entonces vale resaltar que la vida es de dos, que merece la pena “pasar la página” y buscar una compañía para lo que “nos queda por vivir”, como dice la canción.

“Tender” una mano a quienes están solos es un acto de bondad y generosidad y, por lo tanto, a eso estamos convidados todos.




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