Los incas, mejores cirujanos de cráneo que los médicos de la Guerra Civil de EEUU


La civilización incaica no sólo dejó un valioso legado artístico, arquitectónico y cultural, sino que también un destacado aporte a la medicina, incluso, adelantado a su época. Es que según un artículo la revista Science, los incas fueron mejores cirujanos de cráneo que los médicos de la Guerra Civil estadounidense (1861-1865), ya que la tasa de mortalidad en este tipo de operaciones fue notablemente menor.

La trepanación, que consiste en agujerear el cráneo humano por razones de salud, sin anestesia ni antibióticos, se practicó durante miles de años en varias civilizaciones del mundo, pero no todos los pacientes sobrevivían a esa operación. Los más sofisticados fueron los incas, con un éxito de 80% en comparación al 50% promedio registrado durante la Guerra de Secesión.

Los datos surgen del trabajo de David Kushner, neurólogo de la Universidad de Miami y John Verano, un bioarqueólogo de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans. Ambos analizaron 59 cráneos de la costa sur de Perú correspondientes a una fecha entre los años 400 y 200 antes de Cristo, 421 cráneos de las tierras altas central de Perú que datan del 1000 hasta el 1400 después de Cristo y otros 160 cráneos conseguidos de Cuzco, entre el siglo XV.

Los resultados mostraron “más de 1.000 años de refinación de sus métodos”, según Corey Ragsdale, bioarqueólogo de la Universidad del Sur de Illinois. Es decir que la técnica de trepanación mejoró con el paso del tiempo, dando como resultado orificios más pequeños y menos corte y, en consecuencia, menores posibilidades de muerte.

Emanuela Binello, neurocirujana de la Universidad de Boston, postuló que algunas de las diferencias en las tasas de supervivencia pueden deberse a la naturaleza de las lesiones de los pacientes antes de la cirugía.

“El trauma que ocurre durante una guerra civil moderna es muy diferente del tipo de trauma que sucedió en la época de la civilización incaica”, explicó. “Muchos soldados de la Guerra Civil sufrieron heridas de bala y balas de cañón que se trataron sin los recaudos necesarios en campos de batalla abarrotados e insalubres, expuestos a infecciones”, señaló.

(Fuente: Los Andes)




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