Las bebidas energizantes “no son sustancias inocuas”, advierten los especialistas


Las bebidas energizantes coparon las noches y las previas a las salidas nocturnas. También se identifican con los deportes extremos y con los jóvenes estudiantes.

Si bien son de venta libre y sirven como estimulantes para quitar la fatiga, “no son inocuas”, dice categóricamente el médico experto en toxicología, Gustavo Marangoni. “Lo que hacen es engañar al organismo y este se termina autoexigiendo. Pueden aumentar la frecuencia cardíaca y generar serios problemas”, resalta.

Mezclados con el alcohol, los energizantes son muy peligrosos porque enmascaran los efectos del primero, explica el toxicólogo Alfredo Córdoba. “Son bebidas estimulantes que se combinan con otras depresoras como es el alcohol. Lo que hacen es tapar los efectos del alcohol, entonces la persona sigue consumiendo porque se siente bien. El tema es que pueden llevar a niveles extremos de intoxicación sin darse cuenta”, señala. Además, dice hay un número importante de pacientes para los que están contraindicados y muchos de ellos no lo saben. Por ejemplo, cardíacos, diabéticos e hipertensos. En todos ellos, hay riesgos de que su patología se vea exacerbada.

“El problema es que se haya dejado que entrara al mercado con tanta permisividad un producto que puede ser de alto riesgo. Habría que tratar de regularla de alguna manera. El Estado podría exigirle a los fabricantes (como ya lo hizo en otros casos) que modifique su composición. Por ejemplo, obligarlos a reducir los niveles de cafeína”, propone Marangoni.

Los expertos comentaron que hay investigaciones que muestran cómo estos productos, ricos en cafeína, pueden elevar la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Más allá de los resultados comprobados, no creen que impedir que se vendan sea el mejor camino. En nuestra provincia hubo un intento de prohibirlas y no prosperó. Fue en la capital, en 2010. El autor del proyecto había sido el concejal Raúl Pellegrini, quien no tuvo el apoyo de sus pares del Concejo Deliberante. “Hoy estoy convencido que el mejor camino es concientizar sobre los efectos que producen más que prohibirlas. Porque además sería muy difícil de aplicar una norma de este tipo”, evalúa.




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