El novillero valenciano Jesús Chover triunfa por pundonor y constancia | Cultura


Dos horas y cuarenta minutos de novillada; un suplicio para el espectador porque, además, no fue tarde para cantar glorias. Todo lo contrario. La novillada de Fernando Peña, desajustada de presencia, con algún novillo chico en exceso, como el segundo, tampoco aportó para que la lidia tuviera interés. Solo el lote de Chover, dos novillos con clara impronta de tomar la muleta, con ciertos signos de buena clase, salvó la descastada condición del resto. Novillos parados, justos de fuerzas, llegaron muy apagados al tercio final de la lidia.

El triunfador por méritos propios, pero también por gracia, capricho y compensación del presidente, resultó el valenciano Jesús Chover. Veterano ya en el escalafón -debutó con picadores en 2010-, reaparecía después del grave percance sufrido en la Feria de Julio del pasado año. La suya fue una actuación con las ansias y arrebato de un principiante con ganas de comerse el mundo. Modélica de actitud, de justificar su nombre en feria tan postinera como las Fallas. En sus dos novillos no dudó en irse a porta-gayola para recibirlos de rodillas y del trance siempre salió con la suerte muy limpia de ejecución. Estuvo muy variado y activo con el capote, cuajando un racimo de verónicas al primero de la partida que tuvieron incluso sabor. No perdonó un quite, ni en sus novillos ni en el de sus compañeros. Puso banderillas con más voluntad que acierto, es verdad, pero con una alegría y disposición contagiosas. Y con la muleta se vació del todo. Fue de una entrega total. Unas veces, los muletazos salían limpios, otros los atropellaba, pero siempre con la idea de un buen trato a la hora de pasarse a los novillos. Al buen primero le bajó la mano, lo obligó, y por el pitón izquierdo le salieron los mejores momentos. Con el cuarto se aceleró con los rodillazos de entrada, para centrarse después y lograr momentos estimables. Prisas por llegar a la gente y una voluntad ilimitada. Lo puso todo en juego, no se guardó nada en el esportón, y la gente le agradeció su pundonor. Un ejemplo para muchos que empiezan.

PEÑA / CHOVER, GARDEL, TÉLLEZ

Novillos de Fernando Peña, justos y desiguales de presentación. Noblones, faltos de casta y apagados en la muleta, a excepción del primero y cuarto, que fueron excelentes

Jesús Chover: estocada trasera (vuelta al ruedo con fuerte petición); pinchazo y estocada baja y trasera (dos orejas).

Alejandro Gardel: media estocada y cuatro descabellos (silencio); pinchazo y estocada (silencio).

Ángel Téllez: dos pinchazos _aviso_ dos más y estocada _aviso_ (silencio); _aviso_ dos pinchazos, media trasera, descabello _aviso_ y ocho descabellos más (silencio).

Plaza de Valencia, 12 de marzo. 2ª de Fallas. Un cuarto de entrada.

Por capricho presidencial no le concedieron una oreja de su primero, ganada en buena lid, y por compensación ante semejante agravio, el palco le concedió las dos del cuarto tras matar deficientemente. Se equivocó la presidencia en el primero por no premiar, y se volvió a equivocar en el cuarto por compensar y premiar en exceso. Doble error y lamentable error.

La lidia de los otros cuatro novillos no tuvo historia. Alejandro Gardel no encontró el camino con el tullido y chico segundo y acabó aburrido con un quinto al que le costó un mundo tomar la muleta. Por su parte, Ángel Téllez dejó patente su puesta a punto en el escalafón. Tiró de oficio para sacar partido del tercero, en el que lo puso todo el torero por nada del novillo. El sexto se negó a tomar el engaño desde el principio, reculó, y la faena, en exceso larga e inútil, acabó cansando al personal. Para mayor penitencia, estuvo muy desafortunado con la espada en sus dos novillos y se llevó para el recuerdo un total de cuatro avisos.




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