Con el equipo de ‘Narcos’ y más de cien personajes: Netflix se adentra en la corrupción brasileña | Televisión


O Mecanismo se inspira en el caso Petrobras, la embestida policial y judicial contra la mayor trama de corrupción de Brasil cuyos tentáculos han llegado a, por lo menos, 12 países. El guión, en manos de Elena Soarez, relata la lucha hercúlea de dos policías federales para desenmascarar un enorme engranaje corrupto que con maletines de dinero compraba desde leyes a partidos políticos enteros. Pero la serie trascenderá el Petrobras. “La corrupción es un rasgo inherente al ser humano, puede verse y apreciarse en todo el mundo”, advierten sus creadores. Aunque la serie tendrá un presidente, un expresidente, diputados, policías, fiscales, lobistas, la intención es desfigurarlos. “No serán reconocibles. Es como si la historia ocurriese en un país lejano de otra galaxia”, asegura Marcos Prado, uno de los tres directores que trabajan junto a Padilha.

En esa trama policiaca hay especial interés en retratar la obsesión. La de quien ejerce el poder y quiere aún más, y la de los propios investigadores por resolver el caso. O Mecanismo cuenta con más de cien personajes, pero un trío domina la historia. Ruffo (Selton Mello) encarna un policía federal –real, pero desconocido para el público– que fue expulsado de la corporación y vive obsesionado por su lucha contra la injusticia. “Es un antihéroe en la misma línea que Don Drapper (Mad Men), Toni Soprano (Los Soprano) o Walter White (Breaking Bad)”, explica Mello. Su pupila Verena (Carol Abras), curtida en un mundo de hombres, es el guiño feminista de la serie: no es solo una obstinada investigadora lidiando con serios problemas personales, sino la responsable de la operación. “En estos tiempos me parece fundamental que haya una mujer liderando”, mantiene Abras.

El principal objetivo de los dos policías es Ibrahim (Enrique Diaz), un facilitador, atraído por el poder del dinero, que se maneja perfectamente en las cloacas del sistema. Ibrahim ve con total naturalidad el mecanismo corrupto del que participa, mientras mantiene una vida familiar modélica. Será su carismático personaje, padre y marido amoroso, quien explicará el mecanismo y quien haga cuestionarse al espectador la inversión de valores de una sociedad corrupta. “La sociedad vive en este tipo de acuerdo, es terrible la actitud de mi personaje, pero él vivió toda su vida en ese sistema”, dice el actor.

La apuesta de Padilha, a quien Netflix, después del éxito de Narcos, pidió una serie sobre Brasil, es polémica. El caso Petrobras despierta pasiones entre los defensores de limpiar la mugre de la política brasileña, los que las acusan de promover persecuciones y abusos policiales y judiciales y los que, directamente, quieren enterrarla antes de que llegue a sus despachos. “Estamos cansados de esa batalla monocromática. Dramatúrgicamente hablando, la complejidad de los personajes es más interesante que repetir las noticias. No se trata de miedo de comprometerse con la historia, Padilha nunca tuvo miedo de generar polémica”, defiende el director Marcos Prado. “No necesitamos un punto de vista, sino una historia que nos provoque y nos haga pensar además de entretenernos”, completa Diaz.

La trama real en la que se sustenta la serie es también un desafío para cualquier guionista. La operación aún no acabó y desde que se destapó, en marzo de 2014, los brasileños se han acostumbrado a novedades casi diarias que dejan el guión de House of Cards a la altura de juego de niños: en el marco del caso Petrobras incluso murió en un accidente de avión el juez del Supremo Tribunal Federal que estudiaba las denuncias contra algunos de los presuntos corruptos más famosos. “La serie se centra en el comienzo de la operación, no abordamos toda su amplitud, entonces no existió ese problema de guión. Nuestra historia termina en 2014, lo que abre la puerta a nuevas temporadas”, explica Felipe Prado, otro de los directores.

Nadie se aventura por ahora a confirmar si habrá una segunda temporada. Dependerá del éxito de los ocho primeros episódios, que podrán verse en 190 países. El mecanismo que persigue el caso Petrobras es imprevisible. En la ficción y en la vida real.




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