Antonio de la Torre: actuar para aprender | Cultura


“Cada vez tengo más claro que me interesan más las películas por lo me pueden enseñar que por lo que yo puedo dar”. A sus 50 años, cumplidos el pasado 18 de enero, Antonio de la Torre, ganador de un Goya como mejor actor de reparto por Azuloscurocasinegro y candidato a estos premios en diez ocasiones más, analiza su trayectoria profesional y personal en TCM y selecciona algunos títulos que se emitirán en mayo.

Todos los domingos de este mes, Antonio de la Torre será el protagonista de Programado por… el espacio de TCM en el que una personalidad del cine español escoge y comenta películas que le gustan especialmente o que han supuesto algo especial en su vida. La selección de Antonio de la Torre es variada y ecléctica e incluye desde clásicos como Lo que el viento se llevó y El increíble hombre menguante, hasta películas mucho más recientes como Boyhood: “Lo que hace Richard Linklater en esa película es asombroso, es filmar al personaje en tiempo real”. Además, el actor hablará en una entrevista de su pasión por el cine y de cómo nació su vocación.

A finales de los años 80, Antonio de la Torre dejó su Málaga natal y se instaló en Madrid en donde estudió Ciencias de la Información. Hizo sus pinitos como periodista, pero su deseo de convertirse en actor pudo más y se pasó al mundo de la interpretación. Estudió en la escuela de Cristina Rota. “Ella me enseñó que vivir y actuar son verbos que se conjugan de la misma manera”, dice. “Pensaba que tenía capacidad para la comedia. Era donde yo sentía que me podían querer o hacerme un hueco y, de hecho, el primer papel en el que me tuve que contener fue en Grupo 7”, rememora el actor.

A comienzos de los años 90, Antonio de la Torre comenzó a aparecer en pequeños papeles en películas y en series de TV. Poco a poco se fue convirtiendo en uno de los imprescindibles del cine español. Ha trabajado a las órdenes de Pedro Almodóvar en Volver y en Los amantes pasajeros; de Alberto Rodríguez en Grupo 7 y La isla mínima; de Manuel Martín Cuenca en Caníbal y El autor; de Alex de la Iglesia en Balada triste de trompeta o de Daniel Sánchez Arévalo en Primos, Gordos y la ya citada Azuloscurocasinegro. “Actuar sirve para juzgar menos y aprender más”, explica sobre cómo le ha afectado el trabajo a su visión de la realidad.

El ser cincuentón no le da vértigo. “Lo bueno de tener más edad y del paso del tiempo es que, como cada vez te queda menos de vida, tienes menos que perder”, cuenta entre risas. Ya más en serio admite que ahora tiene más recursos y que ha crecido como persona. “Si te dan premios, genial, y si no, tratar de hacerlo mejor en la siguiente, si hay siguiente”, dice con tranquilidad.

Su deseo es seguir aprendiendo; ser como una esponja que absorba todas las experiencias que va viviendo. “Solo así puedo tener algo que contar porque si no, te interpretas a ti mismo”, concluye. En los próximos meses volveremos a verlo en pantalla haciendo de político corrupto en la película El reino, de Rodrigo Sorogoyen, y metiéndose en la piel de un joven José Mujica, el expresidente uruguayo, en Memorias del calabozo. “Cuantos más personajes hago, más me doy cuenta de que la vida es poliédrica, que el bien y el mal tienen fronteras tenues y que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

 




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