Andamios para el talento | Babelia


Samanta Schweblin, escritora

“Los talleres fueron para mí una experiencia fundante, pero por supuesto vi cientos de personas pasar por esos talleres sin aprender absolutamente nada. Me encantaría decir que todo depende del “profesor”, pero en realidad, gran parte depende del alumno”.

“Como alumna aprendí a leer lo que realmente dicen mis textos, y no lo que yo quisiera que digan. Como profesora, (impartir talleres) te abre miradas continuamente, te expone a situaciones y dilemas en los que uno es tan novato como el alumno”.

Ana Merino, poeta y directora del máster de escritura creativa en español de la Universidad de Iowa

“No todos los escritores celebran el talento ajeno o pueden ver las posiblidades de un escritor primerizo. Por eso los programas de escritura creativa necesitan un perfil de escritor docente muy abierto, que tenga curiosidad y ganas de crecer con el alumnado. Los críticos suelen ser escritores que tienen procesos creadores muy ensimismados y no van a perder el tiempo en la evolución creativa de los demás”.

“Los talleres son un espacio de estímulo que te hace crecer a marchas forzadas (…). Si tienes una buena biblioteca  y sabes cómo escribir porque en la escuela te dieron una buena base de escritura y lectura -subrayo ese dato clave-, tal vez uno puede seguir solo a base de mucho trabajo y mucha lectura. Pero cuando hay una dinámica de trabajo interactiva que te guía, te explica, te hace reflexionar y te da pautas, te conviertes en mejor escritor”.

“Para muchos escritores, la carrera de docente tallerista es una buenísima opción. Saber escribir bien y apreciar la literatura no te obliga a querer ser escritor. Por otra parte, el mundo editorial tiene salidas interesantes o la gestión cultural”.

Luis Landero, escritor

“En un taller de escritura no pueden, de ningún modo, enseñar la invención. Lo más importante para un escritor es encontrar su mundo, aquello que solo él puede escribir, y nadie más que él. Quien vaya a buscar su mundo a un taller, ese no es un verdadero escritor. Porque allí solo te podrán enseñar trucos para estimular la fantasía, trucos que, en efecto, son más o menos iguales para todos”.

“El arte de escribir tiene tres patas: la invención, la composición y la escritura propiamente dicha. Qué vas a contar, cómo lo vas a estructurar y, lo más difícil, cómo vas a transformar todo eso en palabras. Quien se encomiende solo a la estructura y a otras tecniquerías adyacentes, será un escritor de piscifactoría, no más”.

Jorge Carrión, codirector del máster en creación literaria UPF/BSM

“Es muy difícil evaluar qué han aportado estos programas a la literatura española porque el taller o el máster es solo una de las variables que se combinan para que un escritor sea un escritor. Habría que valorar también qué han aportado la educación primaria, secundaria y universitaria, qué han aportado las bibliotecas… Lo que sí creo importante y tangible son las relaciones personales que han provocado”.

“Hay varios estudios que demuestran que, seguramente, el cuento en la literatura norteamericana tiene que ver con Iowa. En efecto, es perfecto para la dinámica de un taller, se puede escribir en pocas semanas y leer y discutir entero en pocas horas. Creo que sí hay una relación entre el género del cuento y el formato del taller literario”.

Cristina Rivera Garza, responsable del doctorado de escritura creativa en español de la Universidad de Houston

“Vivimos en sociedades que enaltecen la ganancia inmediata y desprecian profundamente las labores del pensamiento y la práctica crítica. Entre otras cosas, un taller es una comunidad de aquellos que comparten el trabajo y la devoción por el lenguaje, especialmente el lenguaje escrito. Y, ya con eso, me parecen espacios necesarios -espacios irrenunciables- hoy”.

“Las nociones del genio incomprendido o del poeta maldito han diseminado la idea de que la escritura, en lugar de ser un proceso material terreno, es algo inexplicable que, además, nace ya hecho. Estas ideas auto-glorificantes y ahistóricas han hecho pensar a muchos que la escritura no tiene método, tecnología, crítica. Por eso es importante dinamitar la idea del autor así, en singular, y repensar las raíces plurales y materiales de todo el proceso de escritura”.

José Manuel Caballero Bonald, escritor

“A mí, eso de aprender a escribir en un taller no me parece ni aconsejable ni viable. Lo único que pasa en esos talleres es que fomentan el trato entre personas que comparten el gusto por la literatura”.

“Lo que se entiende por técnica de la escritura literaria se puede ir aprendiendo a través de lecturas y ejercicios, pero el carácter literario del texto, su calidad artística, depende de la aptitud personal del escritor”.

Jonathan Franzen, escritor

Recomiendo un MFA (máster de escritura creativa en EE UU) a cualquier escritor joven que a) Disfrute de estar cerca de otros escritores; b.) disponga de uno o dos años para enfocarse intensivamente en la escritura; y c) pueda conseguir que otra persona pague por ello. Los programas de escritura creativa no valen la pena si es necesario pedir un préstamo. Nada es peor para un escritor joven que cargar con una deuda. Crecí horrorizado por las deudas, y cuando era joven era demasiado tímido y arrogante como para querer estar cerca de otros escritores, así que no asistí a programas de escritura creativa”.

Debido a que los departamentos de literatura académica básicamente han abandonado la enseñanza de la literatura -ahora todo es teoría,  “textos” y política-, los MFA se han convertido de facto en refugios para los estudiantes que realmente disfrutan leyendo literatura. Esto en sí mismo presta un gran servicio a las letras estadounidenses. En términos de la industria, ahora enfrentamos una audiencia cada vez más reducida de ficción seria y de poesía, una clasificación cruel de escritores en “estrellas” y “don nadie”… Creo que la red de programas de escritura es valiosa. Permite a los escritores cuyas obras no se venden mucho ganarse la vida mediante la enseñanza, y mantiene vivas cientos de revistas pequeñas donde los escritores jóvenes pueden publicar sus primeros trabajos“.

Clara Obligado, escritora

“Yo diría que, a partir de la crisis, en España la gente está menos jugando y más queriendo tomarse en serio la literatura. Los talleres constituyen un ámbito de pensamiento. En una época de crisis cultural como la que tenemos son una protección contra la intemperie”.

“Yo creo que reglamentar un taller es un poco matarlo. El taller germina bien en un clima un poco libre, o sea, si tú tienes un programa muy rígido quizá matas lo que tiene de espontáneo, que es lo interesante”.

Silvia Adela Kohan, escritora

“La escritura creativa, bien entendida es necesaria no solo para los filólogos, sino para todo el mundo, tanto para la creación literaria como para el autoconocimiento y la expansión de ideas, en todas las profesiones”.

“El talento es libertad interior y constancia, escribir cada día (el escritor se hace escribiendo), sin pudor y a la manera de uno o una misma: no es escribir una novela, sino “tu” novela, la sinceridad da como resultado la diferencia y la calidad”.

Javier Sagarna, director de la Escuela de Escritores de Madrid

“Nosotros hicimos una síntesis entre la tradición norteamericana y latinoamericana y creamos nuestro propio método de enseñanza. Digamos que si el sistema latinoamericano está muy basado en el ‘juega, juega, atrévete e innova y jugando llegarás” -yo añadiría, ‘si eres Cortázar’- y el sistema norteamericano es ‘el oficio, el oficio, el oficio’, nosotros integramos las dos cosas”.

“El sistema educativo español siempre ha estado basado en el aprendizaje en vertical: ‘yo enseño, tú aprendes’. Pero no se puede enseñar en vertical la escritura”.

Marta Sanz, escritora

“Para mí, como alumna, el taller fue un lugar importantísimo donde conocí a gente que si la cual habría tenido muchísimo más difícil la posibilidad de entrar en el campo literario. Y, sobre todo, fue utilísimo porque me ayudaron a desaprender todos los tópicos que se construyen en torno a la genialidad de los escritores o escritoras a lo largo de nuestra vida. Lo importante de este tipo de talleres o escuelas es que no parten de una genialidad o de una impronta innata que tengan los talleristas, sino que lo que hacen es confiar en la posibilidad de la educación, en la posibilidad de construir”.

“Cuando doy clases, procuro salir del carrilito de ciertas ortodoxias vinculadas a los talleres de escritura que pueden tener que ver con la narrativa carveriana, con el minimalismo, con el realismo sucio… para que mis alumnos intenten explorar en otros territorios, pero evidentemente, esos territorios nunca van a estar alejados de los intereses que los configuran como individuos y que tienen que ver con su identidad y su lugar en el mundo”.

Cristina López Barrio, escritora

“Apuntar que todos los escritores que van a un taller uniformizan su forma de escribir me parece que denota muy poco conocimiento de lo que es un taller, al menos al que yo he asistido siempre. La originalidad siempre ha sido potenciada y bienvenida en el taller de Clara Obligado”.

“Aprender a contar historias puede ser muy útil para el desarrollo de distintos trabajos, no solo para la creación literaria como tal”.




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